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Lunes , 16.07.2018 / 01:19 Hoy

Umberto Eco, el constructor de lectores

El pensador italiano deja un importante legado en las que fueron sus principales pasiones: la academia y la literatura, las que expresó en obras que abarcaron desde la Edad Media hasta la semiótica y el periodismo.

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Jesús Alejo Santiago

Umberto Eco tenía 48 años de edad cuando alcanzó la fama internacional tras la publicación de la novela El nombre de la rosa, que, convertida en película, conquistó el mundo. Pero muchos años antes el filósofo ya se había construido un brillante perfil académico que mantuvo hasta el final. La literatura y la academia fueron sus dos grandes pasiones, en las que dejó un legado de importantes contribuciones.

Su primer ensayo lo publicó en 1956, a los 24 años de edad, y fue sobre Santo Tomás de Aquino; dos años antes había empezado a trabajar en programas culturales dentro de la RAI, y entre 1962 y 1965 fue profesor agregado de Estética en las universidades de Turín, primero, y Milán, después.

Al otorgarle el premio Príncipe de Asturias 2000, el acta del jurado destacó su calidad intelectual “en el ámbito de la comunicación y las humanidades, donde sus trabajos, de universal difusión y profundo influjo, son ya clásicos en el pensamiento contemporáneo. Asimismo ha tenido en cuenta la doble dimensión de su quehacer, como destacado semiólogo y analista crítico en los medios de comunicación”.

Fue un hombre que escribió artículos y libros en áreas de la semiótica, la lingüística, la estética, la moralidad y, por supuesto, la ficción literaria. Eco siempre reconoció que sus historias tuvieran un pie en la vida académica, en la que se había formado, por lo menos en los estudios y las investigaciones que desarrolló a lo largo de los años casi hasta su último aliento.

Eco falleció ayer, a los 84 años de edad, y con él se va uno de los principales intelectuales italianos de la segunda mitad del siglo XX.

Su muerte generó diversas reacciones: el primer ministro italiano, Matteo Renzi, destacó de Eco su “inteligencia única” capaz de “anticipar el futuro”.

“Fue un ejemplo extraordinario de intelectual europeo, unía una inteligencia única con una incansable capacidad de anticipar el futuro. Es una pérdida enorme para la cultura, que echará de menos su escritura y su voz, su pensamiento agudo y vivo, su humanidad”, concluyó Renzi.

En México, el secretario de Cultura del gobierno federal, Rafael Tovar y de Teresa, expresó en su cuenta de Twitter: “Siento profundamente el fallecimiento de Umberto Eco, narrador, filósofo y educador universal”.

Clásico de la academia

Académico por vocación, Umberto Eco se mantuvo en los listados de candidatos al Premio Nobel de Literatura, lo que en realidad no llegó a preocuparle en demasía, ya que estaba absorto en sus labores académicas, donde generó algunos libros clásicos, como Diario mínimo y La estructura ausente, pero en especial el Tratado de semiótica general y Apocalípticos e integrados, una publicación de referencia sobre la cultura de masas y los medios de comunicación.

Publicado por vez primera en 1964, en Apocalípticos e integrados nos conduce a recorrer los mitos modernos, desde la estructura, influencia y desarrollo de los medios de comunicación, hasta “complejos conceptos de semiótica, tratados siempre desde un punto de vista de una comunicación práctica”.

“Un número considerable de filósofos de nuestro tiempo han usado creaciones literarias como un campo para tratar problemas filosóficos: hay filósofos que se reflejan en Kafka, en Mann o en Proust. Ellos usan la literatura como algunos filósofos griegos usaron el mito, una representación de final abierto y problemática de los problemas humanos —no solo porque los discursos poéticos o narrativos no son aceptados o se rechazan (pasan o fracasan) sino porque pueden ser explorados como una fuente de cuestiones interminables—”, respondió Eco a The Harvard Review of Philosophy en la década de los 90 del siglo pasado.

Eso fue un reflejo de las búsquedas personales y profesionales de Eco, nacido en Alessandria, provincia de Piamonte, Italia, el 5 de enero de 1932, quien se distinguió como profesor de Semiótica en la Universidad de Bolonia, donde creó la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, conocida en Italia como La Superescuela, una iniciativa académica de altísimo nivel destinada a difundir la cultura internacional.

En 1992 fue nombrado por la Mesa del Consejo de la Unesco integrante de su Foro de Sabios, y junto con otros intelectuales fue miembro de la Academia Universal de Culturas, sin olvidar que fue nombrado doctor honoris causa por más de 25 universidades de todo el mundo.

El novelista

“Los que dicen que escriben para sí mismos se equivocan. Se escribe para los demás. Se escribe como un acto de comunicación. Pero no se escribe para los lectores que existen, sino para los lectores que no existen aún, que se quieren formar, que se quieren construir”. Fueron palabras de Umberto Eco al diario colombiano El Tiempo, en octubre de 2012.

La novela que le dio el reconocimiento internacional, El nombre de la rosa, ubicada entre las 100 más importantes del siglo XX, está ambientada en el siglo XIV, cuando sucede la investigación que realizan fray Guillermo de Baskerville y su pupilo Adso de Melk alrededor de una misteriosa serie de crímenes que ocurren en una abadía.

La novela fue reeditada en numerosas ocasiones, merecedora del premio Strega (1981), en Italia, y el premio Medicis, en Francia. Fue llevada más tarde al cine por el director Jean-Jacques Annaud con gran éxito de taquilla pero no tanto entre la crítica especializada. La cinta tuvo a Sean Connery como protagonista en el papel del fray Guillermo de Baskerville.

Ocho años después publicó El péndulo de Foucault, también uno de sus mejores títulos, en el que narra la historia de tres intelectuales que inventan un supuesto plan de los templarios para dominar el mundo.

Su último libro fue Número cero, una obra aparecida en español en 2015, editada en 34 países, en la cual realizó una feroz e irónica crítica al mal periodismo, la mentira y la manipulación de la historia.

En 2007, Umberto Eco se retiró de la enseñanza por motivos de edad, pero se mantuvo activo a través de sus columnas semanales en varios medios, entre ellos el semanario L’Espresso.

Invasión de los necios

Nunca dejó de ser crítico de su entorno, como sucedió a mediados de 2015: antes de la ceremonia de otorgamiento del doctorado honoris causa Comunicación y Cultura de los Medios de Comunicación por el rector de la Universidad de Turín, aseguró que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios.

“La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”, dijo en aquel momento.

Al mismo tiempo, Eco hizo una invitación a los medios a “crear un filtro de información con un equipo de especialistas en internet, porque nadie es capaz de entender hoy en día si un sitio es de confianza o no”.

Medievalista

El Fondo de Cultura Económica anunció la próxima publicación de La Edad Media, vol I: bárbaros, cristianos y musulmanes, coordinado por el mismo Eco, con la traducción de Omar Daniel Alva Barrera, en el que se analizan las relaciones de intercambio cultural posteriores a la caída del Imperio romano entre los pueblos europeos hasta el año mil.

En su conjunto, los libros que integrarán esta obra ofrecerán al lector la más completa introducción a la Edad Media, fruto de una ambiciosa labor de investigación y actualización de las fuentes hasta hoy existentes, en aras de aclarar qué es aquello que el Medievo no es, qué nos ha quedado de ese largo periodo y qué tan distinto es el tiempo en que ahora vivimos.

A finales de 2015 y al lado de otros intelectuales y escritores, Eco anunció el nacimiento de una nueva editorial, La nave de Teseo, luego de que el grupo Mondadori, propiedad de la familia Berlusconi, confirmara la compra del grupo editorial RCS, con lo que absorbía también a Bompiani, su editorial de muchos años.

Cuando se confirmó la transacción, el escritor denunció que la operación comercial, que aún debe ser autorizada por la autoridad antimonopolio italiana, dejaba en manos de Berlusconi buena parte del mercado editorial italiano.

“La nave de Teseo da el adiós a su capitán. Gracias, Umberto”, escribió la noche del viernes la nueva casa editorial en una nota que sirvió para confirmar el fallecimiento del escritor, el hombre que hizo de la academia y de la literatura, del periodismo y la cátedra no solo formas de vida sino, en especial, pasiones al servicio de la palabra, el autor que invitaba a enamorarse de los libros de manera lenta, como describió a El tiempo, hace ya más de tres años, al hablar de su relación con el libro y sus historias.

“Se escribe para un lector ideal, y un libro es una máquina para construir un lector. Piense en cómo comienzan las fábulas: ‘Había una vez’. Ya es un modo de construir el lector. Dice ‘tú debes ser un niño o un adulto que finge ser un niño’. Son ya señales de qué tipo de lector se quiere. Hay muchos libros que leí en mi vida y dejé después de cinco páginas. Años después leí un capítulo. Y finalmente ha devenido aquello que aquel libro quería que deviniese. Eso ha sido muy importante para mí. Con el libro puede no estallar de entrada el amor. Puede ser un enamoramiento lento”.

Internet y la autoridad de los idiotas

En una entrevista publicada en El Mundo el 26 de marzo de 2015, Umberto Eco comentó su último libro, Número cero, de la que tomamos estos fragmentos:

“No todos los periódicos son una ‘máquina de fango’. Los vespertinos ingleses, por ejemplo, con todos los cotilleos de la familia real, lo hacen para vender un poquito más. Pero en Italia este mecanismo se ha usado como herramienta política para deslegitimar al adversario”.

“[…] los periódicos no me dicen qué tengo que pensar. También porque no leo uno solo y estoy abierto a muchas sugerencias. Pero un lector más ingenuo o menos preparado está más influenciado, más aún por la televisión”.

“[…] Cuando yo era niño, había periódicos de dos páginas, tan solo, y hoy son de 60. Y hay que llenarlas. Si eres un periódico serio, puedes hacerlo con comentarios y análisis, pero si no, te conviertes en esta ‘máquina de fango’ que llena páginas”.

“Una de las primeras cosas que habría que enseñar a los niños es cómo filtrar noticias en internet, a distinguir las verdaderas de las falsas”.

“Con Facebook y Twitter es la totalidad del público la que difunde opiniones e ideas. En el viejo periodismo, por muy asqueroso que fuese un periódico, había un control. Pero ahora todos los que habitan el planeta, incluyendo los locos y los idiotas, tienen derecho a la palabra pública. Hoy, en internet, su mensaje tiene la misma autoridad que el premio Nobel y el periodista riguroso”.

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