• Regístrate
Estás leyendo: Tzvetan Todorov recrea la insumisión en nuevo libro
Comparte esta noticia
Domingo , 23.09.2018 / 15:34 Hoy

Tzvetan Todorov recrea la insumisión en nuevo libro

El pensador aborda las vidas de un grupo de personajes que se negaron a someterse de forma dócil a la coacción del Estado y lograron resistirla con la afirmación de sus valores morales.

Publicidad
Publicidad

Interesado por esos resistentes pacíficos que en los países comunistas fueron los disidentes y aquellos que, mediante determinadas formas de moral, han podido desempeñar un papel en la vida pública de las democracias liberales modernas, Tzvetan Todorov (1939) analizó la vida de un puñado de personajes que se negaron a someterse dócilmente a la coacción y se convirtieron, a fuerza de resistencia y afirmación de sus valores morales, en insumisos.

Se trata, explica Todorov en entrevista con MILENIO, de "un rechazo indisolublemente unido a un compromiso positivo en el que el amor a la vida se mezcla inextricablemente con el odio a lo que la infecta", y donde "resistir significa ante todo una forma de lucha que uno o varios seres humanos libran contra otra acción física y pública que llevan a cabo otros humanos".

Sobre su libro Insumisos (Galaxia Gutenberg, 2016) Todorov dice que es "un ensayo sobre una cuestión muy específica: qué roles pueden jugar ciertas cualidades morales dentro de un conflicto político y, más precisamente, cuando los individuos se ven confrontados a una fuerza de Estado superior".

Los casos que aborda el autor son la ocupación nazi en Europa, para personajes como Etty Hillesum y Germanie Tillion; la dictadura comunista en la URSS, con Boris Pasternak y Aleksandr Solzhenitsyn; las discriminaciones raciales legales en el caso de Nelson Mandela y Malcom X, y finalmente los Estados liberales que contravienen su propia constitución, en los casos de David Shulman en Israel y Edward Snowden en Estados Unidos. "En cada caso", precisa, "mis personajes insumisos oponen a esas fuerzas superiores unas cualidades esencialmente morales y personales, con un éxito muy diferente entre sí".

El autor distingue entre "insumiso" y "revolucionario": "No son en absoluto equivalentes: los insumisos son los individuos; los revolucionarios están comprometidos con una causa colectiva; los primeros combaten una injusticia, una opresión, pero no buscan promover la instauración de un nuevo orden, como el comunismo, el fascismo o una teocracia. Además, no persiguen abatir a sus enemigos, no practican la confrontación violenta; actúan esencialmente por medio de su ejemplo personal. En ese sentido, un término cercano al de insumiso es el de resistente, entendido desde un punto de vista amplio".

Todorov habla acerca del budismo tibetano y cita dos preceptos: la reducción del odio y la defensa de la compasión. Añade: "Al final del libro, después de haber presentado las experiencias de 'mis' personajes, formulo algunas observaciones generales, y constato principalmente una cierta proximidad de principios en sus obras y acciones con las enseñanzas del dalái lama, el líder del budismo tibetano. Pero esos mismos principios, como señalo, poseen también una fuente biológica, relacionada con las características de nuestra especie. El ejemplo del dalái lama me interesó porque este personaje es, a la vez, la encarnación de un cierto ideal moral y el jefe de un Estado, hoy en el exilio, y combina responsabilidades morales y políticas. Superar el odio permite combatir no a las personas, sino a las causas que les hacen actuar. Practicar la compasión permite alcanzar sus objetivos más fácilmente que si se aplican a un combate a muerte con el adversario. Esas elecciones morales se revelan al mismo tiempo como formas eficaces de combate político".

Trata también el caso de Snowden, quien trabajó para la CIA y la NSA; comenta que "la razón principal de la acción de Snowden fue que estaba indignado por esa práctica que es muy característica de los países totalitarios: la vigilancia generalizada de toda la población, pero con una diferencia doble: que se produce en un Estado liberal, y para aquel que ha vivido bajo el totalitarismo es imposible identificar las democracias liberales con las dictaduras; por otra parte, ese Estado dispone de medios de vigilancia a los que ningún Estado totalitario del siglo XX pudo tener acceso. Esto se debe, como todos sabemos, a la revolución digital, al hecho de que todos nuestros contactos dejan rastros electrónicos. Comparada con la capacidad de las agencias de información actuales, la tecnología de las viejas policías, como la Stasi en Alemania del Este, parece prehistórica: ¡ellos se conformaban con abrir las cartas utilizando vapor! En cambio, hoy todo ese trabajo se hace instantáneamente gracias a las máquinas".

Concluye el pensador: "La insumisión es una forma efectiva de acción individual. Los grupos, las colectividades, las naciones, no poseen características morales. Sin embargo, los individuos que actúan en un marco colectivo pueden tomar prestada la vía de la insumisión a la manera de mis personajes; ahí está el caso, para mí el más realizado, de Nelson Mandela".

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.