La tristeza, un momento creativo: Alicia Quiñones

La editora de Laberinto destaca la relación que existe entre la música y su obra poética.
“El ser humano es ritmo”, afirma la escritora y periodista.
“El ser humano es ritmo”, afirma la escritora y periodista. (Arturo Bermudes)

México

Hace cuatro años, después de leer Vida secreta, de Pascal Quignard, Alicia Quiñones (Ciudad de México, 1982) se compró un cello “para entender un poco los sonidos en la relación con la vida cotidiana”. De esa experiencia musical nació su primer poemario, Cuarteto para sombras (El Tucán de Virginia, 2013), que fue presentado el miércoles pasado en la Casa del Poeta Ramón López Velarde.

“Hace apenas cuatro años que tengo un cello en mi casa. Comencé a estudiarlo, pero ha sido muy difícil porque tengo que memorizar otro lenguaje, como es la música, que tiene su propio idioma, sus propias palabras”, dice la también editora de Laberinto, suplemento cultural de MILENIO.

Desde niña Quiñones comenzó a tocar varios instrumentos, y “como era dispersa”, pasó por el piano y la guitarra. Afirma la escritora: “La música está dentro de nosotros… El ser humano es ritmo: en principio, tenemos un corazón que late siempre con cierto ritmo. Nuestros pensamientos y las ideas tienen un ritmo, la reflexión tiene un tiempo”.

Cuarteto para sombras es un poemario en el que, como el título lo indica, la música juega un papel importante, más allá de la musicalidad que tenga en sí la poesía. Los personajes de cada uno de los 24 textos “tocan la música de alguna forma”, expresa. Pone de ejemplo el primer poema del libro, “¿Qué le ha pasado a esa mujer?”, que habla sobre una mujer que está a punto de suicidarse y mientras “entona con los ojos una pena,/ tan fuerte como la piedad invita a los suicidas/ a declamar sus ruinas./ ¿Qué le ha pasado a esa mujer?/ Enmudeció./ No es miedo./ Ni siquiera cobardía./ A esa mujer, se la tragaron las palabras”.

El poemario también trata el amor y el desamor a través de la música: “Habla un poco
de la imposibilidad de hablar, de escribir, de las ideas. Pero tiene una relación, en un momento, en el que se entonan la música y sus penas”.

Quiñones se considera una lectora tardía. Su primer acercamiento a la poesía fue con Pablo Neruda: “Cuando leí 20 poemas de amor y una canción desesperada a los 13 años, mi primera impresión fue decir: ‘Ay, cómo puede decir todo esto en una cosa tan breve’. Yo no sabía ni que había ganado el premio Nobel. No sabía quién era, ni su historia, y no me importaba. Son cosas que a esa edad a uno no le importan, y fue a partir de ahí que empecé a escribir poesía”.

La escritora y periodista participó en la antología internacional Escribe contra la impunidad, publicada en 2013, en la que también escriben, entre otros, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska.

TIEMPOS DIFÍCILES

Para la periodista, es difícil ejercer la labor de poeta: “No hay tiempo”, dice. Después de trabajar en el periódico y llegar a su casa, escribir “se vuelve cada vez más difícil”. Es consciente de que el periodismo y la poesía tienen tiempos diferentes: “Tienes menos energías y tienes que dividir muy bien tus tiempos”, añade.

Suicidio, dolor, hambre, abismos… Los 24 poemas de Cuarteto para sombras están dotados de un tono sombrío y triste. Quiñones, que se considera una persona alegre y optimista, disfruta de la tristeza cuando escribe: “Es un momento creativo. No la disfruto todo el tiempo (la tristeza); además, me considero una persona alegre en la vida cotidiana. Pero creo que en el momento de crear sí soy muy dramática”, concluye.