No me traigan flores, chavos

El sincretismo musical es el signo de los tiempos, pero también la fórmula de la ley del menor esfuerzo. Así funciona "Chavas y Flores. Tributo a Chava Flores".
Salvador Flores Rivera.
Salvador Flores Rivera. (Especial)

El sincretismo musical es el signo de los tiempos, pero también la fórmula de la ley del menor esfuerzo. Así funciona Chavas y Flores. Tributo a Chava Flores (Angeleste, 2015), el disco más reciente de La Sabrosa Sabrosura (si no me falla la memoria, frase de un viejo anuncio de mayonesa o algo por el estilo). Su propuesta constituye una plaga de lugares comunes, con carretadas de mal gusto, en un estilo que definen como cumbiabomba pa' bailar, cuya mayor falta de respeto a las canciones originales es uniformarlas en el citado estilo. Según sus creadores, es "una mezcla de cumbia con muchos colores diferentes como funk, reggaetón, electrónica y reggae".

La algarabía de las canciones de Salvador Flores Rivera en manos de La Sabrosa Sabrosura se vuelve insulso y monótono sonsonete. Sobre el disco —que se presentó el martes pasado con una madrina que nos dice hacia dónde está dirigido el fusil: Maxine Woodside— lo mejor hubiera sido dejarlo pasar, no hablar de él, ignorarlo. Pero es preciso advertir a los incautos que los "arreglos" de Mariano Spíndola, Claudia Mendoza y Juan Pablo Iriarte nada tienen que ver con la original imaginación y jiribilla de Flores. Si se hubieran limitado a una canción, la cosa podría pasar como una curiosidad, pero destazar nueve canciones es demasiado. No es ético tomar el legado de un creador de canciones con ánimo de lucro y hacerlo pasar como un proyecto innovador.

Que uno escriba sobre el disco no significa que los sabrosos sabrosuros vayan a dejar de vender su producto chatarra, pues están en su derecho. Pero al menos que no quede acallada mi voz de protesta en un mundo de conformismo cada vez más incontrolable. ("Eres un exquisito", me dirán algunos.)

Mariano, Claudia y Juan: don Chava no merecía este tipo de homenaje. No le avienten este tipo de flores a don Salvador. ¿A qué le tiran cuando sueñan que sus versiones son originales con su hip hop de tercera? Su gato viudo es un felino desafinado y su interesada suena más bien desinteresada, mientras que, paso tras paso, o peso sobre peso, desvirtuaron a Bartola y ya ni hablar de su desinflado "Sábado D.F.".

Lo curioso es que el disco contó con el beneplácito de la hija de Chava Flores, María Eugenia Flores, quien hace año y medio decía: "Las letras de mi padre fueron vivenciales, lástima que la radio no tome en cuenta esa cultura de la música de antaño y que prefiera las cuestiones mercantiles por encima del arte de componer". ¿Por qué no convocar a músicos más creativos? Enigma sin resolver...