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Martes , 23.10.2018 / 12:17 Hoy

Tribulaciones de un hijo

'Conversaciones con mamá' trae a escena a un hombre atormentado que busca un giro en su vida


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Conversaciones con mamá expone el agobio de un hombre maduro que vive una crisis laboral y familiar, en contraste con la despreocupación y el buen ánimo de su madre, una mujer que en la última oportunidad de pasarla bien conduce suavemente a su hijo hacia el objetivo que desea para ambos. Escrita originalmente por Santiago Carlos Oves (Buenos Aires, 1941–2010) y adaptada por el dramaturgo catalán Jordi Galcerán, esta obra es protagonizada por Queta Lavat, quien después de participar en 160 películas —cinco de éstas al lado de Jorge Negrete— y en 40 telenovelas, desempeña su primer papel estelar al lado de Jesús Ochoa, actor de teatro, cine y televisión, quien construye un personaje en lento progreso hacia una nueva conciencia.

A punto de cumplir 89 años, la actriz interpreta a una madre ecuánime, a quien la experiencia la ha llevado a dominar la socarronería y a expresarse con un humor que empuja a su hijo a percatarse de una realidad que lo hace infeliz. Queta Lavat, quien sabe colocar muy bien palabras y sonrisas, elabora un personaje más simpático que cálido, que logra su objetivo, por encima del tiempo que le toca estar con vida.

Por su parte, Jesús Ochoa, quien construye minuciosamente a su personaje (Jaime), interpreta a un hombre atormentado, casado y con hijos adolescentes, que de visita en casa de su madre, y con su tragedia cotidiana a cuestas, pasa de una sorpresa a otra, al centro de una marea emocional que lo arrastra de la desesperación al hermetismo, en medio de una lucha interna en la que debe vencer prejuicios y ponderar el amor que le tiene a la mujer que lo trajo al mundo.

Franco, sencillo y abierto para abordar la diversidad de personajes que le han tocado representar, Ochoa despliega de nueva cuenta su capacidad creativa para hacer transitar a Jaime, entre disgustos y sobresaltos, hasta el berrinche adulto y la aceptación.

Al interior de una flamante cocina de aluminio, tiene lugar la reunión de este hombre que busca la posibilidad de salvar su situación económica mediante cambios bruscos en su vida y en la de su madre, con quien no vive desde hace 30 años.

El conocimiento profundo que la madre tiene de las debilidades de su hijo, los asuntos que a ella le molestan de su relación con la esposa y la suegra de su descendiente, incluida la añoranza por viejas virtudes y el recuerdo de una breve libertad durante la infancia, son algunas de las armas que utiliza para hacerlo reaccionar.

El texto con elementos tragicómicos, que hace al público pasar de la risa al recuerdo y a la lágrima, equivale a una sacudida para quienes creen que llegar a la tercera edad es sinónimo de volverse bulto, y es un recordatorio de que conviene hacer y decir lo que se siente mientras se puede.

Con dirección de Antonio Castro —a quien le vendría bien volver a enamorarse de un texto teatral como lo hizo de la obra El filósofo declara de Juan Villoro, donde cada detalle estuvo cargado de significado—, Conversaciones con mamá es un montaje resuelto. La forma descansa en la actriz y el fondo en el actor.

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