La trayectoria de Nishizawa, en el Palacio del Arzobispado

Han sido reunidas poco más de 120 obras, cuya presentación permite que el  público pueda conocer las múltiples facetas del artista mexiquense.
Fue uno de los artistas fundadores del Programa Pago en Especie, a través del cual los artistas pagan sus obligaciones tributarias.
Fue uno de los artistas fundadores del Programa Pago en Especie, a través del cual los artistas pagan sus obligaciones tributarias. (Octavio Hoyos)

México

La espectacular reproducción que hizo el artista mexiquense Luis Nishizawa (1918-2014) del Tablero de la Cruz Foliada de la Zona Arqueológica de Palenque, justo cuando el arqueólogo mexicano Alberto Ruz descubrió la tumba de Pakal, se muestra por primera vez en la exposición Luis Nishizawa. Poeta del silencio, que se presenta desde hoy en el Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Antiguo Palacio del Arzobispado.

Susana Pliego, curadora de la muestra, explica que “al poco tiempo de que se registró ese importante descubrimiento arqueológico”, Nishizawa, junto con el artista japonés Kojin Toneyama, propuso al INAH hacer calcas de las principales estelas y figuras de Palenque, usando la técnica de taku hon que se utiliza para copiar objetos planos y tridimensionales mediante papel húmedo y tinta. La mayor parte de esa serie, realizada en 1952, se exhibe actualmente en el museo Kitakami, de Japón.

El público que asista a la exhibición, integrada por más de 120 obras procedentes de la colección Pago en Especie de la SHCP y de otros acervos tanto públicos como privados, tendrá la posibilidad de conocer las múltiples facetas creativas del artista.

“Nishizawa, quien murió en el 2014 a los 96 años de edad, fue uno de los artistas fundadores del Programa Pago en Especie, a través del cual los artistas pagan sus obligaciones tributarias. Es identificado como un personaje fundamental para la historia del arte mexicano, tras haber sido por más de seis décadas maestro de la Escuela Nacional de Artes Plásticas”.

De padre japonés y de madre mexicana, Luis Nishizawa incorporó en su lenguaje artístico la herencia milenaria de ambas culturas. La curadora de la muestra indicó que casi todos identifican a Nishizawa como uno de los grandes paisajistas mexicanos, debido a que logró registrarlo magistralmente, tal  como lo hicieron los pintores viajeros del siglo XIX, como José María Velasco y el Dr. Atl.

Por eso, explica, la exposición le dedica una sala especial al paisaje, con un montaje que rompe con lo establecido ya que, en lugar de colgar los cuadros en la pared, están colocados sobre enormes caballetes, realizados especialmente para esta curaduría.

De forma paralela, se muestra, de forma muy esquemática, cuáles eran las técnicas que utilizaba el artista: el temple, el aguafuerte, la encáustica, el vitral, con la finalidad de que la gente entienda por qué se le consideraba “el maestro de la técnica”.

Lo interesante de esta exposición, precisa Pliego, es que no solo lo muestra como el gran paisajista que fue, sino que también lo presenta como un artista multifacético al exhibir su obra temprana, su interés por la naturaleza muerta y la abstracción, así como sus ejercicios muralísticos y su especial gusto por el autorretrato.

“Distintas composiciones y materiales conciertan un mosaico de identidad donde el pintor aparece retratado con sus materiales de trabajo y con algunos elementos recurrentes en sus composiciones. De acuerdo con Nishizawa, ‘el artista pinta sus autorretratos para no morir’”, refiere la especialista.

La muestra permanecerá montada hasta el 31 de julio en el Museo de Arte de la SHCP, Antiguo Palacio del Arzobispado, Moneda 4, Centro Histórico.

Atrapado por la cultura popular

Como a muchos artistas de la su época, a Nishizawa le gustó recuperar la cultura popular mexicana. La tradición de la quema de Judas lo atrapó, con sus grandes esculturas elaboradas en papel maché y carrizo. Fue tal su atracción por esta práctica, que en el museo Luis Nishizawa, en Toluca, cada año se hace un concurso de Judas.

De hecho, se interesó tanto por este tipo de tradición que se propuso pintar la representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa: “Documentó con sus pinceles el drama que culmina con la crucifixión en el Cerro de la Estrella. Son composiciones llenas de intensidad y colorido que dejan ver el dolor, la sangre, así como el momento cumbre de la Semana Santa”, explica Susana Pliego, curadora de la exposición Luis Nishizawa. Poeta del silencio. La especialista añade: “Hizo una serie de dibujos y de óleos sobre la Pasión de Iztapalapa, pero sobre todo, pintó el óleo sobre tela Niña cargando a Judas, obra que se encuentra en la embajada de México en Austria”.