A través del arte, niños superan la discapacidad

Arcadi es un grupo de Tamaulipas que procura integrar a infantesy adolescentes a la vida productiva; el proyecto podría desaparecer.
Carolina, invidente de nacimiento y de tan solo 8 años de edad, recibe clases en la UAT.
Carolina, invidente de nacimiento y de tan solo 8 años de edad, recibe clases en la UAT. (Especial)

Tamaulipas

Sus dedos vuelan en el piano mientras interpreta la Oda a la alegría. Las notas inundan una de las aulas de la Facultad de Música de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), mientras la piel de quienes escuchamos se va erizando.

Carolina puede deleitar el oído del más exigente auditorio. Su talento es extraordinario. Oyéndola, difícilmente pensaríamos que esta pianista tiene tan solo ocho años de edad y es invidente de nacimiento.

La pequeña parece tocar con el corazón. Es como si cada vez que está frente al piano se olvidara de todo para solo dejar "escuchar su voz", porque la música es el lenguaje del alma.

Caro es una de las alumnas de Arte para Capacidades Diferentes (Arcadi), un grupo que surgió hace 10 años en Tampico, Tamaulipas, para apoyar la integración de niños y jóvenes con discapacidad a través del arte.

Como Caro, Fanny, de nueve años, tampoco vio en su discapacidad visual un impedimento para tocar el piano y el violín con creatividad y pasión. Sara y Sarahí, unas jovencitas también invidentes y que tocan diversos instrumentos musicales, conocieron en Arcadi lo que son capaces de crear, y hoy ya estudian una carrera profesional en la Facultad de Música.

Arcadi es dirigido por Claudia Navarro Ugalde. Sin embargo, a pesar de ser semillero de artistas especiales, está en peligro de desaparecer porque no recibe subsidio del gobierno.

El único apoyo que recibe Arcadi es de la Facultad de Música de la UAT, que presta sus salones para impartir clases. Pero también se requiere cubrir los honorarios de los profesores que forman a estos artistas especiales.

Lejos de recibir una remuneración acorde con su esfuerzo, los maestros solo cobran 30 pesos por hora, y a veces son ellos quienes también se encargan de respaldar económicamente a los alumnos. Y es que no todos pueden pagar las cuotas simbólicas que Arcadi se ve en la necesidad de cobrar, pues muchos de los alumnos provienen de familias de escasos recursos.

El proyecto subsiste por el amor de sus creadores y maestros; sin embargo, para mantenerlo vivo, es necesario que la sociedad se sume y sea parte de este esfuerzo.

Los creadores del grupo piden la oportunidad de integrar a más personas especiales para formarlos en la música, las artes plásticas y el teatro, y contribuir así en su proyecto de vida.

Arcadi nació en 2003 como un proyecto de estudio e investigación en educación especial, basado en la música y el arte como formas de expresión, dice su directora, Claudia Navarro Ugalde.

Ella y los maestros Arturo González y María Teresa Leandro formaron un grupo multidisciplinario en el que participan maestras de Educación Especial, Artística, Plástica y Teatro, profesores normalistas, médicos, psicólogos, enfermeras, arquitectos, diseñadores gráficos y odontólogos.

Arcadi maneja tres programas: Estimulación temprana y desarrollo de habilidades para niños de tres meses a tres años; Invidentes con clases de piano y violín, y Jóvenes en actividades de teatro, piano y guitarra, a los que además se les impulsa para cursar una carrera en la Facultad de Música de la UAT.

Navarro Ugalde enfatiza que desde que emprendieron este reto no lo visualizaron como un negocio: "Es más por la educación, por integrarlos a una sociedad y demostrar que el arte los ayuda muchísimo para cualquier aprendizaje, ayuda a la socialización, a ser creativos, vivir en comunidad y a poder ser productivos".

Lo más importante, dijo a MILENIO, es que a los alumnos se les enseña a ser felices a través del arte. Está comprobado cómo cambian sus vidas y las de sus familias, cuando en vez de trabajar solos desde su casa, lo hacen integrados a un grupo de compañeros y amigos, y logran dominar canales de expresión que los vuelven muy seguros de sí mismos.

Más que enseñar, las profesoras del grupo dicen aprender día a día de sus alumnos. Eso afirma María Teresa Castro, coordinadora del Área Musical, quien revisa los métodos que se aplican en el uso de los instrumentos y cómo hacer para que los niños y jóvenes aprendan mejor y más rápido.

El método Suzuki es su implementación más reciente y consiste en enseñar a través del sentido auditivo. También es conocido como método de la lengua materna, porque es como el niño aprende a hablar con solo escuchar. Otra metodología es la Dalcroze, que enseña música a través del movimiento.

"Somos punta de lanza en este programa. Es muy importante lo que como sociedad estamos aprendiendo, que los que no somos vulnerables tenemos que actuar. Es un aprendizaje mutuo", sostuvo la profesora de este grupo.