“El arte no puede dejar de transmitir emociones”: Arturo García Bustos

“Me considero un modesto pintor, que apuesta por que el muralismo siga siendo una forma de expresión de los artistas ante el gran público”, afirma quien fue alumno de Frida Kahlo.
Por su cercanía a la pintora, él y otros tres amigos fueron apodados "Los Fridos".
Por su cercanía a la pintora, él y otros tres amigos fueron apodados "Los Fridos". (Tomada del libro "Arturo García Bustos. En el espacio mágico del muralismo mexicano")

México

En el cubo de su casa, que usa como estacionamiento, el pintor y grabador Arturo García Bustos (México, 8 de agosto de 1926), mientras muestra el libro Arturo García Bustos. En el espacio mágico del muralismo mexicano (Conaculta, 2013) —que será presentado el próximo jueves 29 de mayo en el Palacio de Bellas Artes—, dice que prepara lo que será el gran mural de su mundo, ya que será el depositario de sus recuerdos.

“Hacerlo puede ser interesante porque la casa es histórica: aquí vivieron los conquistadores, y en especial la Malinche, personaje importante de nuestra historia. No tengo ningún boceto porque me gusta ir improvisando”, dice a MILENIO el artista.

El andamio está justo a la entrada, y ya se vislumbra parte de esa gran obra que cubre toda una pared; los colores son los distintivos de su obra y con los que ha contribuido a narrar, con su pincel, la grandeza de la historia de México.

Hacia el fondo, en otro muro que da hacia el jardín, están las figuras de dos personajes que marcaron su vida artística: Frida Kahlo y Diego Rivera. Ella fue su maestra, y él, quien le permitió trabajar como su ayudante.

En el estudio que comparte con su esposa, la pintora plástica Rina Lazo, García Bustos, quien es identificado como el último de los grandes muralistas por parte de Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, recibe con humildad este reconocimiento.

“Me considero un modesto pintor, que apuesta porque el muralismo siga siendo una forma de expresión de los artistas ante el gran público, muy a pesar del comercialismo que desgraciadamente ha triunfado y está creando un mundo horrible; como diría Renato Leduc: ‘Este mundo ya es inmundo’”.

Para él, los artistas que se inclinan por el arte conceptual están equivocados, al dejarse presionar por la comercialización: “Muchos colegas ya no se interesan por dar un mensaje humano; yo creo que el arte no puede dejar de transmitir las emociones. Eso es lo que uno trata de reflejar en el trabajo artístico”.

Aún impresionado, cuenta que “el otro día en Los Ángeles, California, Estados Unidos, en una exposición había una jarra de leche, y eso se miraba como una obra de arte. El cuidador me dijo que todos los días había que cambiar la leche porque por las noches llegaban unas ratas y se la tomaban”.

Frida sí pintaba sus obras

Siempre supo que su vida estaría marcada por el muralismo. Recuerda que de joven le pidió a José Clemente Orozco que le permitiera subirse a los andamios para ayudarlo a pintar su mural en la iglesia de Jesús. Y que cuando ya era estudiante tuvo el privilegio no solo de ser alumno de Frida Kahlo, sino de contar con su amistad, al grado de que él, Rina Lazo, Guillermo Monroy y Arturo Estrada fueron bautizados como Los Fridos.

García Bustos desmiente a Guadalupe Rivera Marín, hija de Diego Rivera, quien asegura que su papá le pintaba sus obras a Frida Kahlo: “Eso es una locura de Lupita, no tiene la más mínima razón. Frida era diferente al maestro Rivera, pues a pesar de sus limitaciones ocasionadas por su estado de salud, yo la vi pintar cuadros extraordinarios”.

Narra que cuando Frida Kahlo pintó su columna rota en su corsé, ella hacía bromas de su situación. Pero que le pareció buena idea pintarse en un cuadro totalmente desnuda con su columna rota, teniendo como paisaje el Pedregal.

“Semanas después vi la obra y le pregunté: ‘¿Maestra, por qué cambió el cuadro y le puso una cortinita tapando el pubis?’. Ella me respondió: ‘No lo quité por moral, ni por nada que se le parezca: lo tapé para darle mayor fuerza plástica’”.

Murales a todo lujo

El libro habla de diez de sus murales, así como de otro fresco que hizo en una cooperativa ejidal de Puebla, y en el que aludía a unos pistoleros, tras la desaparición de algunos trabajadores, explica el muralista.

García Bustos dice que esa obra la destruyó el Ejército: “Lo bueno es que antes había pasado Héctor García y fotografió la obra, y de alguna manera se salvó porque dejó el registro”.

Según el editor de este lujoso ejemplar, en sus páginas hay significativas imágenes que evocan el mundo prehispánico, así como la Colonia, la Independencia, la Reforma y la Revolución.