Trampa para la cultura en 2018

Las organizaciones civiles dedicadas a la cultura han puesto un grano de arena del tamaño del Popocatépetl en la reconstrucción del tejido social de este México que sigue en guerra.
Un recortado presupuesto será asignado a la reconstrucción de inmuebles históricos.
Un recortado presupuesto será asignado a la reconstrucción de inmuebles históricos. (Especial)

México

Entre los gremios artísticos nos preguntamos: ¿cuándo pararán los recortes al presupuesto de cultura? En lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto no han parado, y cada nuevo Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (paquete económico) suele venir con recortes que transitan entre lo risible y lo aberrante. Si no recuerdo mal, en ninguno de los años de su mandato el presidente en funciones ha propuesto un alza al presupuesto de cultura. Y la paradoja más notoria de su gobierno fue crear una Secretaría sin dientes.

El recorte que propone el Ejecutivo a los diputados es del orden de 712.1 millones de pesos. El acumulado en seis años se cifra en un recorte de casi un 40 por ciento al ahora “sector” respecto del presupuesto que dejó asignado Felipe Calderón en su último año de gobierno. Por eso resulta ironía dramática la creación de una Secretaría de Cultura que nos llenó de esperanza a los involucrados en el ramo, si bien muy pronto nos dimos cuenta de que solo se trataba de un golpe demagógico.

Pero las malas noticias no acaban: los terremotos de los días 7 y 19 de septiembre destruyeron o dañaron parte significativa del patrimonio artístico de Oaxaca, Guerrero, Puebla, Morelos y CdMx. Al parecer las cabezas del sector piden que los etiquetados que se destinan a las incipientes industrias culturales, que operan bajo la figura de asociaciones civiles y que hacen buena parte de lo que los aparatos institucionales no logran cubrir, sean destinados a la reconstrucción y restauración del patrimonio dañado. ¿No sería consecuente exigir una ampliación presupuestal de emergencia en lugar de liquidar los esfuerzos ciudadanos para la atención de la sociedad mexicana en materia de cultura? Nos la pasamos dándonos balazos en los pies y ahora en la cabeza.

Las organizaciones civiles dedicadas a la cultura han puesto un grano de arena del tamaño del Popocatépetl en la reconstrucción del tejido social de este México que sigue en guerra aunque no se hable de ello. Las instituciones del sector hacen muchas cosas espléndidamente bien, lo cual no está en cuestión, pero lo cierto es que hay mil y un nichos que su aparato (a veces con elefantiasis) no logra cubrir por más que extienda sus brazos cortos. Por ello resulta absurdo que se empuje a los esfuerzos civiles a la precariedad y a la extinción.

¿Quién puede poner en duda que se debe recuperar el patrimonio dañado? Nadie, pero no a costa de ver desaparecer otras iniciativas culturales.