Uno trae su mundo, que aísla y separa: Hernández

“No sé qué es el prestigio y los lectores; salvo amigos a los que les regalo mis libros, no sé quiénes más pueda comprarlos”, asegura.
“Creo más en la intuición, en el gusto, en la posibilidad del trabajo”.
“Creo más en la intuición, en el gusto, en la posibilidad del trabajo”. (Ariana Pérez)

México

La poesía de Francisco Hernández pareciera estar alejada de la realidad, si bien uno de sus principales objetivos es contar lo que ve y lo que vive; lo que pasa es que las palabras le dan otra forma, que no siempre es aceptada por una sociedad que exige de los creadores otro tipo de compromisos.

“Uno trae su mundo, que aísla, que separa, que hace que lo puedan tildar a uno de cualquier cosa, desde cobarde hasta reaccionario. Pero uno trae un mundo interior que domina al ser exterior que somos y dicta: pueden haber matado a alguien enfrente de mi casa, pero yo escribo de los pajaritos que cantan del otro lado de la casa”.

En reconocimiento a su vida y obra, el INBA lo convirtió en uno de los Protagonistas de la literatura para festejar sus 70 años de vida, en un homenaje que recibió anoche, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

En entrevista, Hernández reconoció que la poesía tiene una función que va más allá de la existencia de los creadores: “Es una forma de vivir, de ahuyentar el miedo y de estar protegido contra lo que pueda suceder”, dice el poeta, que dedicó casi tres décadas a la publicidad, mas nunca dejó de escribir poesía desde que estaba en la secundaria.

“Siempre fueron dos caminos unidos por la escritura: uno me ayudó a vivir en el sentido económico y el otro en el espiritual. La publicidad fue muy útil para mí y ahora lo es, únicamente, la poesía, donde encuentro un asidero, un gusto porque todavía hay gente que cree en estas cosas y las edita o las lee. Debe haber un puñado de lectores que se acerquen a la poesía a pesar de como están las cosas. Podría —como diría Beckett— no haber poesía, pero siempre habrá quien esté escribiendo, imaginando los poemas”.

Con todos los premios

Hernández cuenta con todos los premios de poesía que se otorgan en México: el Aguascalientes, el Villaurrutia, el Jaime Sabines, el Ramón López Velarde y hasta el Nacional de Ciencias y Artes 2012.

Sin embargo, aún hay mucha curiosidad y pasión por la creación poética, pesimista el poeta de haber conseguido el prestigio literario pero mucho menos el éxito editorial.

“De las dos posibilidades no estoy seguro: no sé qué es eso del prestigio y los lectores; salvo unos amigos a los que les regalo los libros, no sé quiénes más puedan ir a comprar un libro. Todavía no me encuentro a alguien en una librería que lleve un poemario mío para pagarlo”.

En su más reciente libro, Odioso caballo (Almadía, 2016), reúne poemas que se ocultan en las vidas ajenas, historias cuya verdad se revela en palabras y biografías que se resumen en un verso, pero también una búsqueda personal que no cesa: la intuición puesta al servicio de la palabra o del poema mismo.

“Sin la intuición no podría hacer nada de lo que he hecho, es una evolución temprana de la bestia. Sí creo en la inspiración, pero después de tantos años de escribir, creo más en la intuición, en el gusto, en la posibilidad del trabajo, de ponerme a escribir hasta conseguirlo, con el miedo a que no quede”.