Tradiciones del duelo han cambiado en los últimos años

Las costumbres o ritos que se practicaban cuando una persona fallecida tenían una mezcla entre los antecedentes judíos de los pobladores de la región y la cultura católica.

Monterrey

Hasta antes de la década de los 70, los pueblos del estado mantenían casi intactos sus ritos funerarios.

La ayuda comunitaria a los deudos del difundo, velar el cuerpo en la habitación más grande, así como organizar la tareas entre hombres y mujeres han tenido un cambio drástico en los últimos 40 años, a decir del cronista Juan Jaime Gutiérrez.

El investigador fue tajante al señalar que en Nuevo León no existía la tradición del altar de muertos, hasta que hace unos 20 años fue propuesta por ciudadanos y por el Archivo General del Estado.

Destacó que por muchos años el proceso fúnebre involucraba a familiares y vecinos por igual, las tareas iban desde el apoyo con la preparación de alimentos hasta sufragar los gastos del ataúd y los servicios religiosos.

"Con la energía eléctrica vinieron los cambios, pero, en los últimos 20 años han acontecido cambios terribles. Celebrar el Día de Muertos nunca había existido, hasta hace poco", reconoce el cronista de Agualeguas.

Evento familiar

Las costumbres o ritos que se practicaban cuando una persona fallecida tenía una mezcla entre los antecedentes judíos de los pobladores de la región y la cultura católica.

Juan Jaime Gutiérrez relató que acudir a los panteones a visitar al familiar fallecido es una práctica antigua. Lo que sí ha cambiado es el acto de llevar comida o, bien, que se instalen puestos en las afueras de estos lugares.

"Dos o tres días antes la gente iba a limpiar las tumbas, o bien encargaban a alguien que lo hiciera. Eso se ha mantenido hasta ahora", refiere el cronista.

Ante las precarias condiciones económicas, cuando una persona moría se le velaba en el hogar y hasta la década de los 50 el ataúd era sólo de madera propia de la región. Durante nueve días los vecinos apoyaban con la preparación de los alimentos, y el luto en las mujeres podría durar entre los cinco y siete años.

Colocar los pies del muerto con rumbo a la calle y cubrir los espejos durante el velorio, eran otros de los preparativos en estos acontecimientos.

"Es una herencia de la cultura judía, que no debe haber cosas reflejantes o mucha luz en las personas que están recibiendo el pésame", mencionó.

Otra costumbre era que las mujeres estuvieran descalzas al momento del duelo.

"No tener calzado es la condición más humilde que se puede tener, por eso se practicaba eso".

La tecnología y la migración han cambiando las tradiciones, aunque todavía se conservan algunas en poblados y rancherías de la entidad.

FSAD