El trabajo del pintor es un estímulo físico: Paulina Jaimes

En su muestra Entre el silencio y el canto, que se exhibe en la galería de la SHCP y se compone de 29 piezas, la artista da preferencia a los retratos.
Paulina Jaimes exhibe su obra en la muestra 'Entre el silencio y el canto', en la galería de la SHCP.
Paulina Jaimes exhibe su obra en la muestra 'Entre el silencio y el canto', en la galería de la SHCP. (Raúl Campos)

Ciudad de México

Para la Paulina Jaimes, quien exhibe Entre el silencio y el canto en la galería de la SHCP, etiquetar su arte y clasificarla significaría aniquilar su libertad creativa, porque a pesar de que, en sus palabras, tiende a la figuración y al realismo, no sabe con certeza lo que ocurría en el momento que pintaba, pues “a pesar de que cada vez más me meto a una realidad concretada que puede a llegar a ser hasta táctil en mi obra, siento que tiendo a la desfragmentación, ya que abordo proporciones tan pequeñas que acaban siendo cosas muy abstractas, hasta que te alejas lo suficiente y las ves parte de un todo.

“Como tiendo a una cuestión realista me es imposible sujetarme solo a mi cabeza porque, aunque tengo las ideas muy claras, necesito agarrarme de lo real para llegar a este nivel de detalle y realismo. Sin embargo, trato de no irme hacia el hiperrealismo porque creo que ese termina siendo un proceso desprovisto de emoción, muy técnico, y lo mío, aunque me han dicho que parecen hasta impresiones 3D, tiene algo que te conecta con todo ese caos que se vuelve abstracto por toda la meticulosidad de dar soluciones técnicas”, dice a MILENIO.

Además, la partícipe de la colección Milenio Arte considera que el trabajo del pintor es un estímulo físico, “no es nada más ser virtuoso y que las cosas te queden bien chingonas, sino también saber cómo estás usando el color y las demás cosas porque todo produce estímulos que hay que saber acomodar para que, si el concepto es buenísimo, lo amarres bien en algo físico y visual”.

Con la muestra de 29 piezas la artista hace dos propuestas: en las obras de la serie Profundis propone el retrato como tal; a través de las imágenes, que representan a personas que viven “un contexto muy característico mío”, pretende dejar un documento de aquella sensación que “veo de reconocimiento en las situaciones catárticas que te suceden día a día; es la importancia de retratar una persona y decir ‘este es fulano, no es cualquier modelo, y así es su manera de solucionar la vida’”.

Las demás piezas abordan el retrato desde un polo más poético y fantasioso: son personajes que derivan, y tal vez resurgen, de la tierra. “El discurso va hacia lo que pasa alrededor de ellos y donde acontecen esos cuerpos. Es la metáfora de que a lo que estamos conectados siempre es a la tierra, que nos provee de alimento y es quien nos sujeta. Esta serie empezó con una búsqueda de lo espiritual: empiezo a tocar a deidades prehispánicas como Xipe Totec, dios de la primavera, y a mis personajes los veo terrenales, extasiados y regodeados de esta inercia que los envuelve”.

Jaimes, quien egresó de la Escuela de La Esmeralda, afirma que el arte conceptual estuvo muy presente en su proceso de enseñanza y que no está peleada con él. Pero considera que se vive un momento donde éste ha tomado un gran terreno, lo que le genera conflicto pues, asegura, le intentaron imponer esa tendencia en la academia, “donde lamentablemente los maestros estaban desprovistos de una enseñanza práctica; algunos me llegaron a decir que la pintura estaba muerta y otros que podía ser muy buena performancera, pero lo que yo quería era pintar”.

“Me encanta ver artistas conceptuales. He visto gente bastante interesante, pero lamentablemente por la educación que nos dan parece que el hecho de pensar mucho y estructurar un discurso te da pauta para decir que eres artista, y ese es el problema que veo: hay muchos que no están diciendo nada y que creen que por el hecho de chorear con discursos aprendidos, arraigados, que se les agotan y que hasta parecen de moda, ya están creando arte”, concluye.

Entre el silencio y el canto podrá ser visitada hasta el 28 de agosto en la galería de la SHCP, República de Guatemala 8, colonia Centro.