Mi trabajo, veneno o cura: Jan Fabre

El creador belga presenta un espectáculo de cuatro horas y 20 minutos sin intermedio, con el cual hace tres décadas provocó escándalo en Europa.
La pieza es ejecutada por 7 mujeres y 8 hombres.
La pieza es ejecutada por 7 mujeres y 8 hombres. (Jesús Quintanar)

Guanajuato

Hacia los años setenta, los performances del creador belga Jan Fabre se armaban con dibujos trazados con su propia sangre o quemaba dinero; incluso, llegó a renombrar la calle donde vivía con su nombre y hasta encerrarse durante días en un cuarto blanco atestado de objetos.

Historias recuperadas en el Festival Internacional Cervantino (FIC) como una especie de carta de presentación de uno de los artistas más reconocidos en la actualidad, quien viene a presentar una de sus obras emblemáticas, creada hace tres décadas, pero que pareciera tener mayor vigencia en nuestros días: The Power of Theatrical Madness.

Una pieza que en su versión original transcurre a lo largo de 24 horas y que viene al festival en una presentación de cuatro horas y 20 minutos, sin pausa, en la que se ponen en juego los fenómenos de las artes escénicas y su relación con la naturaleza humana. “Todo mi trabajo es un homenaje a la vulnerabilidad individual de los seres humanos”, según dijo, antes de la presentación de su pieza en el FIC, el intérprete, director de escena y artista visual.

Es una propuesta que retoma elementos de la pintura clásica, pero también de la problemática del cuerpo humano, la cual parte de una historia de Hans Christian Andersen, “El traje nuevo del emperador”, para hacer una especie de interrogación entre lo real y lo falso.

“Cuando se presentó la pieza, hace 30 años, era realmente de vanguardia; ahora es un poco diferente, porque ya tuvo la experiencia de hablar con artistas más jóvenes, pero también con la tecnología, y la pieza es lo opuesto a los nuevos medios porque habla sobre el tiempo”, comentó Jan Fabre (Amberes, Bélgica, 1958), quien ha marcado los caminos del arte escénico europeo, sobre todo a partir de The Power of Theatrical Madness.

La obra, para siete mujeres y ocho hombres, se presentará hoy y mañana en el Teatro Principal; fue retomada por Fabre hace un par de años, ya con una nueva generación de artistas, actores, bailarines y artistas visuales, quienes “son más libres de mezclar esas artes, lo que no estaba tan aceptado hace 30 años”.

Un Diálogo entre lo clásico y lo moderno

La pieza fue presentada por vez primera en 1984, como una reflexión en torno a la idea del tiempo real en escena, y hace dos años fue retomada sin cambios significativos en la estructura, aseguró el creador.

“El video se está montando en el mismo tiempo, con la misma estructura, con la misma música y en el mismo escenario. Realmente es una reinstalación de la pieza, salvo por el reparto, que es más joven, aunque sí hay una gran diferencia: en Europa, hace 30 años, todo el mundo la odió, fue un escándalo; desde que la retomo, hace dos años, ha tenido muy buena prensa.  Esa es la diferencia sustancial”, dijo Fabre.

Musicalizada por Wim Mertens, The Power of Theatrical Madness involucra diferentes estilos teatrales, además de hitos de la historia del arte, como la pintura de Miguel Ángel y extractos de óperas de Wagner, pues al final todo su trabajo está basado en la cultura clásica, en especial en los mitos griegos, en busca de un diálogo entre las pinturas clásicas y las artes escénicas.

“En esta pieza existe un diálogo entre las pinturas clásicas y las artes escénicas. En estas pinturas figuran muchas formas míticas, porque todo su trabajo está basado en la cultura griega, pues lo que parece de una extrema belleza son los héroes clásicos de estas obras griegas, que tienen un propósito y van hacia él ciegamente. Mi trabajo es para todos, es como una medicina que te puede curar o te puede envenenar”.

Se trata de una reflexión sobre el tiempo, pero también acerca del movimiento pendular del destino, que oscila entre la verdad y la mentira, de ahí que el mismo título de la obra hable de la confrontación que puede existir entre una idea antigua, arcaica, acerca del teatro, y la idea moderna que se tiene sobre esa manifestación, que a Jan Fabre le ha resultado incluso más vigente que hace 30 años, cuando la montó por primera ocasión.

Una apuesta exigente

The Power of Theatrical Madness dura, en su versión cervantina, cuatro horas y 20 minutos, sin intermedio, por lo que se le plantea a Jan Fabre qué tipo de público es el que espera en sus propuestas. La respuesta es muy sencilla: ninguno en particular, convencido de que siempre se aparecen esos lazos secretos existentes entre la obra de arte y el espectador.

Por ello apuesta por montajes en que se fundan lo mental y lo físico, bajo el convencimiento de que la emoción y la belleza vienen desde nuestro interior, pero necesitan ser “disparadas por emociones muy profundas que tienen una influencia fisiológica, como la presión de la sangre.

“Todo forma parte de un método, que inclusive seis personas de la compañía están llevando por Estados Unidos, Bélgica e Italia, de manera que el conocimiento no se pierda y se siga transmitiendo”, destacó Fabre, quien para sus proyectos ha realizado audiciones en diversas partes del mundo, en las cuales ha seleccionado a alrededor de 40 actores y al final se quedó con 15.