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Martes , 16.10.2018 / 12:56 Hoy

‘Tóxica’: un diario sobre la lucha contra la adicción de Françoise Sagan

Su trabajo tiene rasgos distintivos gracias a aquella irreverencia hacia todas las cosas; tosca por momentos y sin embargo delicada cuando de expresar sus sentimientos se trata.

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En el verano de 1957 Françoise Sagan (1935-2004, Francia) quedó hecha pedazos tras un accidente automovilístico; paradójicamente, el tratamiento que posibilitaría su recuperación la llevaría directo a otro atolladero: la adicción al Palafium (morfina). Tóxica (Ático de los libros, 2015) es un diario que va narrando el proceso de desintoxicación de una mujer plural y cambiante, con tintes hedonistas y gran belleza, que a pesar de todas estas cualidades o precisamente por ellas, quedó subyugada por los placebos para amortiguar los golpes del genio.

La escritura funge de salvoconducto entre quienes sufren, bálsamo de los espíritus quebrados que logran hacer historia solamente porque construyen algo con cada uno de los fragmentos. Rimbaud, Apollinaire y Proust son sus guías espirituales durante esta infernal jornada, instruyéndola hasta alcanzar el tono lírico de Racine que siempre mantuvo un mismo nivel de intensidad.

Tarea riesgosa la de diseccionar con tesón vivencias para articularlas en primera persona, Sagan no dudó; entre estallidos de percepción y epifanías de conocimiento, se aventura a comentar aquí lo que otros prefieren callar con tal de mantener las apariencias. En la búsqueda de sanidad (larga marcha hacia la emancipación), nunca dejó de ser una esteta; el esfuerzo que pone al teñir las pequeñas vivencias de heroísmo lo demuestra.

Comprometida con su estereotipo número uno, la Cécile de Buenos días tristeza (primer novela que publicó en 1954), intercambia esa necesidad de una droga letal por una vital, las letras: se expresa en términos sencillos, claros, aunque no ordinarios.

Su trabajo tiene rasgos distintivos gracias a aquella irreverencia hacia todas las cosas; tosca por momentos y sin embargo delicada cuando de expresar sus sentimientos se trata.

La escritura como arma de afirmación de la propia identidad, como primera forma de independencia, como un modo de desplegarse ante el mundo simplemente por el hecho de haber nacido. Tóxica es una canción de amor a la literatura de cadencia perfecta; donde tensiones y sentimentalismos son tratados con un brío autocrítico, que deja traslucir la personalidad y el oficio de Sagan, quien escribió para vivir de otra manera o mejor dicho: porque escribió pudo vivir.

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