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Jueves , 18.10.2018 / 04:57 Hoy

Tons ¿pa qué lé?

Toscanadas


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Entre los libros qué más he detestado en mi vida está Juan Salvador Gaviota. No guardo sentimientos parecidos hacia libros de Paulo Coelho porque nunca he leído nada de él. En cambio el libro de Richard Bach me lo recetaron en la secundaria y aún no me repongo de la experiencia. Había que dedicar varias sesiones a hablar de él. La maestra nos ponía como ejemplo a seguir al maldito pajarraco que expulsaban de la manada por no seguir sus reglas, pero al mismo tiempo todos en la escuela sabíamos que esto era pura hipocresía y a cualquiera de nosotros nos expulsarían si también nos daba por quebrar las reglas.

Aun ahora no entiendo cómo un libro tan banal hizo creer a tantos que simpatizaban con la gaviota insumisa cuando en verdad su corazón estaba con la mediocridad y la pusilanimidad de la manada, siempre listos para empujar a cualquiera hacia la obediencia y no la rebeldía. Y todos esos que se soñaron especiales, tal como cuando leían su signo del zodiaco en los cerillos Talismán, fueron los Bobs imaginarios que siempre habrían de ser Robertos.

Pero eso se entiende, pues la fábula de Juan Salvador Gaviota estaba diseñada para mentes simples, de blanco y negro.

En cambio me extraña que lectores de obras maestras sepan comprender a los personajes literarios apenas en las páginas de los libros y se vuelvan de mente y juicios ordinarios a la hora de mirar eso que llaman “la vida real”. Si un lector no considera que la literatura es también parte de la vida, de la realidad, de su yo, de su experiencia, si no acepta que las buenas novelas son alimento del alma y de la inteligencia, tons ¿pa qué lé?

Si un lector no aprende nada sobre las pasiones humanas cuando lee a Chéjov y apenas le parece un cuentista chistoso, tons ¿pa qué lé? Si un lector no sabe acometer alguna aventura quijotesca o al menos respetar a quien lo hace, tons ¿pa qué lé? Si después de leer Madame Bovary o Anna Karenina continúa con juicios ordinarios sobre la infidelidad de su mujer, tons ¿pa qué lé? Si luego de leer a Dostoievski no acaba por darse cuenta de los matices que tiene cada historia, cada vida, cada persona, de las razones que parecen maldades o las maldades que parecen razones o las bondades que parecen maldades o las maldades que parecen bondades, tons ¿pa qué lé? Si le parece una estupidez o una falta de entereza que alguien se pegue un balazo o se envenene o se tire a las vías del tren por amor, tons ¿pa qué lé? Si luego de presumir una bibliotecota usted es de los que grita ¡Fuego! cuando alguien enciende un cerillo, tons ¿pa qué lé? Si usted, amigo lector y también usted amigo escritor, es de los que leyó Desgracia de Coetzee, Stoner de John Edward Williams, Muerte en Venecia, de Thomas Mann, Lolita de Nabokov, La casa de las bellas durmientes de Kawabata y reacciona ante las noticias haciendo los mismos comentarios y juicios que una abuela católica iletrada, tons ¿pa qué lé? Y si usted, finalmente, va a decir que en este texto dije lo que no dije, tons ¿pa qué lé?

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