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Domingo , 21.10.2018 / 06:32 Hoy

Todos tenemos un soundtrack: Iván Ríos Gascón

Entrevista



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La frase es de una canción de The Smiths: “To die by your side is such a heavenly way to die”. Ese fue el germen de la novela Luz estéril (Ediciones B, México, 2016), de Iván Ríos Gascón. La historia de Alejandra y Gabriel, dos hermanos, “dos jóvenes que viven, se desean y sueñan en una urbe enmarcada por la moda, los yupis, la Generación X: la Ciudad de México de los años noventa”, como escriben los editores. Pero también una reflexión sobre la soledad, la decadencia y el vacío de una generación marcada por el zapatismo, MTV y los restaurantes de comida rápida. Una historia repleta de referencias literarias y musicales.

Háblanos de la génesis de la novela.

La novela surgió de la canción de The Smiths, “There Is a Light that Never Goes Out”. Ese es el precursor, ese estribillo que dice: “And if a double–decker bus/ crashes into us/ to die by your side is such a heavenly way to die”. Esa descripción de una muerte compartida, esa conjunción de almas.

Pero, a la par, venía de muchas lecturas. Leí el relato “Fabricación casera”, que viene en el primer volumen de cuentos de Ian McEwan, en donde explora el tema del incesto, pero también el cuento “Tajimara” de García Ponce y “Un alma pura” de Carlos Fuentes. De pronto, todo confluyó en un punto.

A la manera de Bret Easton Elis y su retrato despiadado de los yupis en American Psycho, pintas a un grupo de jóvenes juniors representantes de la Generación X. ¿Qué tenía de atractivo ese universo?

Era el modelo aspiracional básico de los años noventa. Estábamos viviendo un tsunami mediático que venía del exterior. Era la época de MTV. Escuchábamos a Bauhaus, a Joy Division, a The Cure. Era un México efervescente. Se apostaba más por lo que venía de fuera y no por lo local. No solo los juniors están retratados, sino también la clase media sin aspiraciones, varada, aburrida, hastiada. La intención era retratar a una generación entrampada en sí.

No es una novela coral, pero sí se desdobla en varias voces.

Fue intento de polifonía narrativa, esa polifonía que tanto exalta Milan Kundera y que no es del todo fácil: personajes relacionados unos con otros, distantes al principio, y que terminan coincidiendo en la misma zona. Son testigos y, en su papel de satélites, también tienen algo que contar. En todos mis libros, me he propuesto entrar en la piel de los personajes: conocer sus debilidades, tentaciones y excesos. Eso es lo que sostiene el arte de la novela.

Si bien no es el tema central de tu libro, ¿por qué el incesto?

El incesto es el punto dramático de la historia, pero nunca me lo planteé como centro de gravedad. Es el accidente que une a todos los personajes y provoca un cataclismo. No hay un juicio moral ni ético ni mucho menos religioso.

El tema central de la novela es el amor. Toda historia de amor es desventurada. Desde el extrañamiento, desde la ausencia del otro, hasta la obsesión y el caos. Pensemos en cualquier otro problema, sean la soledad, el desempleo o la pobreza, para todo hay paliativos. El amor no los tiene.

Luz estéril tiene, a lapsos, un tono ensayístico. ¿La novela fue un campo de exploración estilística?

La literatura se sostiene en el lenguaje. No importa qué cuentes, sino cómo lo cuentes. Siempre me han importado la forma y el fondo. Los personajes sostienen tu relato. Son criaturas que reaccionan, hablan y sienten como los demás. Las tramas son los esqueletos. Historias hay muchas, en andanadas. Ese mar nunca dejará de fluir. Siempre habrá dilemas ontológicos y dilemas morales. Si los conjugas tendrás un universo inabarcable.

La música está presente en la novela, tanto diegéticamente (hay una especie de soundtrack), como en el estilo, en el ritmo, en la prosa misma. ¿Qué importancia tiene en tu obra?

Todos tenemos un soundtrack en la película de nuestras vidas. Cualquier circunstancia que vivamos, buena o mala, divertida o aburrida, estará acompañada de una canción. La música es fundamental. Amplía tu vida. Depeche Mode tiene una canción que se llama “The World in My Eyes”, y yo buscaba que los personajes vieran el mundo a través de lo que escuchaban. Me interesaba que lo sintieran, lo imaginaran y reinventaran a partir del estado de ánimo que les provocaban sus rolas favoritas.

La novela está salpicada de escenas de sexo. ¿Tuviste la tentación de explorar más el erotismo?

El cineasta Robert Bresson cuestionaba lo siguiente: si hacemos que el espectador acompañe a los personajes en los momentos cruciales de su vida, entonces por qué le cerramos la puerta cuando llegan a la alcoba. Ese aspecto lo tenía muy claro. Me dije: “Yo no voy a cerrar la puerta de la alcoba”. Quiero que el lector siga a los personajes en todo momento.

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