La tiranía de la buena onda

Entre las grandes corporaciones contemporáneas, quizá ninguna simboliza tan bien el cambio de paradigma que las ha colocado en el centro de nuestras vidas como Apple.
Tim Cook.
Tim Cook. (EFE)

México

Cuando nuestra época sea abordada desde un punto de vista histórico, es casi seguro que las empresas desempeñarán un papel central en la manera en que habremos de ser recordados. Entre las grandes corporaciones contemporáneas, quizá ninguna simboliza tan bien el cambio de paradigma que las ha colocado en el centro de nuestras vidas como Apple, cuyos productos han trascendido por mucho la categoría de ser meras herramientas para convertirse prácticamente en todo un estilo de vida.

Por el gran impacto de Apple en nuestras existencias, el reconocimiento público de su homosexualidad por parte de su CEO, Tim Cook, ha sido acogido como una muy buena noticia en aras de la diversidad y la tolerancia, pues si un macho alfa del mundo corporativo admite ser gay, ello abre las puertas para que esa “innumerable gente, en particular niños, que enfrentan el miedo y el abuso cotidianos a causa de su orientación sexual” (palabras de Tim Cook) puedan aspirar a un futuro sin ser discriminados. Sin embargo, él mismo se reconoce como un privilegiado, pues ha tenido “la buena suerte de trabajar en una compañía que adora la creatividad y la innovación, y que sabe que solo es posible florecer cuando se aceptan las diferencias entre las personas”.

Sin soslayar ni por un instante el impacto positivo que pudiera tener para combatir la homofobia en el entorno laboral, no deja de ser sorprendente que un miembro de una minoría discriminada pueda ser al mismo tiempo la cabeza de un emporio de explotación laboral y elusión fiscal a nivel global. Aunque es evidente que una cosa no quita la otra, resulta bastante irónico que alguien que ha sido discriminado pueda ser insensible frente a producir en fábricas con mano de obra infantil prácticamente esclavizada, o frente a ser, en efecto, una compañía innovadora en esquemas fiscales para pagar porcentajes irrisorios de impuestos en países donde genera ventas millonarias. Esta esquizofrenia rampante es un rasgo esencial del imperio global de las corporaciones: la diversidad y la tolerancia solo deben abarcar aquellos ámbitos de la vida que no atenten contra las relaciones económicas fundamentales, que al asumirse como dadas e inevitables se vuelven inmunes a todo juicio ético o moral. Al parecer, con tal de que la empresa nos ofrezca una fuente de sodas y un cuarto con videojuegos, y que permita la libre expresión de nuestra sexualidad y de nuestro credo religioso, con ello es suficiente para legitimar prácticas laborales y fiscales que parecen maquinaciones de los más despiadados villanos concebidos por Charles Dickens.