“Pero si apenas me estoy arrimando”

Tino Contreras quiere seguir cumpliendo su destino, que es hacer música, complacer a su público, ser protagonista de un documental… y tomar café con leche caliente.
El baterista Tino Contreras.
El baterista Tino Contreras. (Xavier Quirarte)

México

En una mañana fría, uno esperaría que un adulto mayor —forma políticamente correcta de llamarle a quien ha pasado de cierta edad— decidiera quedarse en casa, cancelar la cita y tomarse una taza de chocolate. Voy con media hora de retraso, luego de estar atrapado en la vorágine del Metro, sin poder avisar porque un eficaz ratero, que combina la maestría del dos de bastos con una cara de “yo no fui”, me ha dejado sin teléfono. Pero, como siempre, Tino Contreras ya está ahí. La explicación es simple: es un músico que sabe respetar el tiempo, por algo es baterista.

Nada más por tomarle el pelo —no tiene uno solo de tonto—, le pregunto al músico que ha pasado los noventa años: ¿por qué no te retiras? Entre risas, dice con la agilidad de pensamiento que le caracteriza: “¡Pero si apenas me estoy arrimando!” Una respuesta cantinflesca, pero cargada de verdad: Tino quiere seguir cumpliendo su destino —valga la rima—, que es hacer música, complacer a su público, ser protagonista de un documental… y tomar café con leche caliente.

Hace menos de un mes fue invitado por Carlos Marín a su programa de televisión El asalto a la razón. La charla resultó tan amena que el director de MILENIO decidió grabar dos emisiones más con el baterista, lo que permitió escuchar su música —hasta tocó el piano—, sazonada con anécdotas de su larga vida en el jazz.

Mientras tomábamos café, al preguntarle qué piensa dejar al mundo cuando tenga que partir, respondió: “Yo pienso que nunca te vas. Siempre queda la esencia de una persona cuando deja una obra. Los recuerdos son muy lindos. He tenido amigos que se fueron antes y yo recuerdo cómo tocaban. También tengo mucho en mi mente cuando viví en Turquía, donde conocí a Ravi Shankar. Un día él me dijo: ‘Lo más importante de un hombre es la obra, dejar un recuerdo perenne para que las futuras generaciones vean lo que pasó con esta bella música que estamos haciendo’. También me advirtió: ‘Nunca dejes de hacer música, porque alguien te mandó hacer música. La obra que hacemos todos los músicos creadores sirve para algo espiritual, para algo tangible e intangible’”.

Tino, invitado de honor del Festival de Jazz de Irapuato el próximo 22 de noviembre, dice que los músicos de jazz “todavía no alcanzamos a interpretar todo lo que nos da esta música de carácter universal que está presente y vigente en el mundo. Es la suprema de las músicas. Actualmente, los músicos clásicos en todo el mundo lloran porque no pueden improvisar, pues si no ven una partitura se los lleva el tren”.