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Viernes , 14.12.2018 / 14:44 Hoy

Tijuana, la tierra del desmadre creativo

En un siglo la ciudad pasó de tener 200 habitantes a más de 2 millones, cuyosproblemas y carencias la llevaron a ser sitio de experimentación y búsqueda.
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En un censo de población realizado en 1904, en Tijuana fueron registrados poco más de 200 habitantes. No había carretera que la comunicara ya no digamos con el centro del país, sino ni siquiera con poblaciones más cercanas, por lo que si alguien deseaba venir más hacia el sur debía adentrarse en territorio estadunidense y bajar por Ciudad Juárez.

Hay investigadores, como Humberto Félix Berumen, que reconocen que el crecimiento de la ciudad se comenzó a dar a partir de la Ley Seca en Estados Unidos, lo que propició que una ciudad tan cercana a la frontera se convirtiera en el territorio hedonista por excelencia para los vecinos del norte.

“En el primer censo Tijuana no tenía ni 500 habitantes, apenas poco más de 200, pero en un siglo se convirtió en una ciudad de casi dos millones, con una dinámica sorprendente. La ciudad no se entiende sin la relación que se establece con Estados Unidos: se convirtió en un centro hedonista para ellos, en un tiempo en que estaba aislada del resto del país”, explica a MILENIO el investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

Asegura que hay una relación muy estrecha entre el origen de Hollywood y Tijuana, lo cual documenta en un libro que resultó polémico en su momento, Tijuana la horrible, en el que se dio a la tarea de contar algunos de los orígenes de muchos de los problemas de la ciudad, por qué venían tantos artistas y los gánsteres de la época: aquí lo tenían todo a la vuelta de la esquina.

“En la segunda década del siglo XX se podían ver hasta 10 mil carros en el Hipódromo, en una época en la que había unos dos mil habitantes. Esta ciudad nació del desmadre, y eso se convirtió en una fórmula creativa: es muy dinámica, de mucho ruido y de bastante movimiento, lo que explica por qué culturalmente es muy productiva”.

Ahora puede considerarse un espacio cultural muy importante para todo el país, un desarrollo al cual han contribuido artistas independientes y promotores, amén de que a mediados de los años 80 se creó una infraestructura cultural y artística muy importante, lo que catapultó a Tijuana en términos culturales: “Es una ciudad que ha hecho virtud de sus carencias, de la frontera un lugar de experimentación y búsqueda”, explica Félix Berumen.

SU LITERATURA

A comienzos de los años 30 del siglo XX se publicó una novela firmada por Hernán de la Roca, seudónimo de Fernando del Corral: Tijuana Inn, la cual había sido escrita entre San Diego y Ciudad de México, según algunos investigadores, quienes coinciden en que se trata de la primera que aborda la ciudad fronteriza como un elemento literario.

“La historia que relata ahí es la de una jovencita que estudia en un colegio católico en San Diego; un día se le ocurre venir a Tijuana, donde se pone una borrachera y al día siguiente amanece en un hotel en el que fue seducida. Es una especie de Santa, de la que tiene influencia, porque a partir de ese hecho viene la decadencia de Gloria de Zaragoza, quien es la protagonista, hasta que cambia su nombre y se hace llamar Tijuana Inn”, explica el investigador de El Colegio de la Frontera Norte.

Un asunto es la literatura escrita sobre Tijuana, donde se puede mencionar a muchos escritores de todo el mundo que hablan acerca de la ciudad, y otro es la literatura hecha por autores locales, lo que tiene una historia un tanto más larga.

La literatura en la ciudad se puede dividir en tres periodos: uno poco productivo, que va de los años 20 hasta los 60; el segundo periodo va de 1960 a 1990, donde se sientan ciertas bases pero sin que se produzca una literatura notable, y de los 90 para acá, cuando “se puede decir que la literatura está a la par del resto del país”.

“Un escritor que da una mejor idea de Tijuana es Luis Humberto Crosthwaite; otro tanto sucede con Heriberto Yépez y con Rafa Saavedra”, a decir de Humberto Félix Berumen, y antes de ellos está Federico Campbell, cuya obra es el reflejo de los años 50, “de una ciudad ya muy distinta a la actual”.

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