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Sábado , 18.08.2018 / 00:53 Hoy

"The Ugly Project": la visión de los vencidos II

El crimen de la “modernidad”, siempre impune. Todos tienen lo que se merecen. Lo lamento, tlatelolcas: ustedes no tienen remedio, están erosionados por un melodrama infinito.

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La condición humana no está en la verdad ni en la belleza. El arte es subjetivo para los zafios imposibilitados para analizar, ¿de qué sirve pensar? Proclaman que basta “sentirlo”, vaya ridiculez, el arte más crítico, transgresor, poderoso, no proviene de emociones o vivencias personales, estos dañinos mitos “creativos” se los tragan sin protestar los que se forman desde las seis de la mañana por una ficha de inscripción en las escuelas de arte estatales. Si el arte es emoción, ¿qué sucede con cierto tipo de esquizofrénicos que padecen cierta incapacidad de afecto?, ¿no pueden sentir el arte? Grandes esquizofrénicos producen, entienden, conectan con el arte. Nada queda del asombro que fue este intento de ciudad dentro de la ciudad: Tlatelolco, aquí ya nada es revelación. Acabaron hace unos meses con el último remanso de tranquilidad del Eje 2 Norte, el último tramo amplio, la última glorieta majestuosa de Paseo de la Reforma quedará reducida por el grotesco paso del sardina-Metrobús. Gastemos el presupuesto, es inicio de año, justifiquemos egresos en nombre del “arte”. Los empleados burócratas de la ciudad también se aburren, ¿verdad? Se trata de transmitir un mensaje “positivo” e idiota de preferencia, en medio de la desgracia. Color al hormigón, vaya atrocidad. Color a un gris que no necesita más textura y reflejo que su luz fría.

Un hombre solitario se inclina en su restirador, tal vez su cabeza anhelaba ser un espacio en blanco, una esfera, un muro que jamás se rompe con el movimiento de la tierra, ese hombre: Mario Pani, diseñó el conjunto habitacional como una ciudad dentro de otra ciudad, transmutada en un gris desafiante e imposible como la utopía, ese es su dolor. La belleza: concepto, discusión actual inabarcable y “subjetiva” ¿La belleza en este siglo?, montón de ideas maltrechas, convive un venado azul con un molcajete, una viejita con una patética corona de flores, cyborg-Quetzalcóatl, ignoro qué importancia tiene lo que están ¿trazando? en la Torre Veracruz del Conjunto Habitacional Nonoalco Tlatelolco. Hace dos años exactamente habitó un enorme anuncio de Bob Esponja, ¿por qué no me sorprende la maldita explosión colorida de mal gusto? Un rojo intenso para tapar las grietas. Algo que distraiga esos dañados e incompletos mosaicos negros, ¿a quién beneficiaban económicamente estos anuncios? Nadie está interesado en solucionar los problemas reales de la unidad, ¿para qué?, ¿qué importancia tiene que el Gonzalo Castañeda esté abandonado desde 2011? No parece preocuparles los rastros de sangre, los gritos, los rumores y realidades sobre crímenes, golpizas, secuestros, asaltos, violaciones. Un problema legal impide la limpieza del predio y edificar otra vez, ¿desde cuándo tan legales en CdMx? Aquí los extranjeros obtienen lo que en sus países no les es posible, desde comercio sexual con niños, drogas, contrabando. Los modernos policías chatean, una oda a la estúpida modernidad. Enfrascados en sus teléfonos están seguros, esa ventanita los priva de atender la seguridad urbana. Alguien pensó: “Pongamos un mural en la Torre Veracruz para que se vea mejor”, ahora entiendo las razones por las que los vencieron. Deberían aprender más de los vecinos de enfrente, todavía tienen identidad porque resisten. El arte del diseño arquitectónico de Tlatelolco, no tiene por qué convivir con la estupidez. El colorido es un objeto de consumo facilista. Otra vez la visión de los vencidos, luego llegaron con el bombazo mal hecho, apuntaron sobre la piedra. El hormigón hecho trizas con atmósferas ridículas como el aspiracional Bahídora.

En la parte alta se desprenden unas ¿manos? Imposible a primera vista, debido al deficiente trazo. Si fijamos la vista: son ramas, claro. Obviedad, ramas, ¿manos blancas? impensable, ¿negras? olvídalo, tienen que ser del “color de la tierra” para que sea mexa, ¿flores de manzanilla?, ¿son para el dolor de cabeza?, ¿esa cadena de ADN de libro de texto de Trillas es un Quetzalcóatl azul? A varios años, un hospital abandonado que no se repara, vecinos de la tercera edad o mujeres embarazadas y personas en fase terminal, tienen que acudir a la colonia Doctores, Guerrero, Peralvillo y La Raza para atender sus dolencias. Aquí los problemas urgentes no obtienen respuestas. Es la cultura de la cubeta, playera, despensa, tinaco. El Colectivo X Familia, artesanía malhecha con “buena vibra”, pagada por la delegación “revolucionaria” e instituciones estatales, no le bastan diez años de mala calidad, ¿no podrían pintar en sus bardas o baños?, ¿es necesario que vengan desde lejanas y orientales colonias para afear nuestra avenida?, ¿no podrían empezar en casa? Sí, nuestra, aunque les pese, porque nosotros nacimos, vivimos y moriremos aquí. Pasamos a diario por la Torre Zacatecas. En las bardas del oriente se vería bien, es muy el estilo de franja, va de acuerdo con su estética, aquí no es Santa Martha, es el centro de una ciudad, la esquina de una de las avenidas más importantes: Reforma. Con cada jefe de Gobierno se afea el paisaje. Ignoro por qué suponen que la “identidad del mexicano” es una serpiente azul.

Los muchachos no trabajan de forma independiente, les costearon los materiales, una de las mentiras de los programas sociales de la ciudad, hacerles creer a estos becerritos y becerritas que no están jalando de la gran ubre, ¿el impacto social es una mariposa y unas flores? Vaya, regresamos al flower power, ¿podrán pagar las cuotas de mantenimiento de la torre con florecitas? Si no pagan limpieza de áreas comunes, ¿podrán pagar el mantenimiento del mural?, ¿por qué no ocuparlo para pagar gastos urgentes del edificio?

Tirar basura por las ventanas no es de buena educación, uno de los problemas cruciales que afecta la unidad, la falta de esquemas educativos ¿Los vecinos de las Lomas, Roma, Polanco o Condesa permitirían a estos colectivos pintar sus fachadas? No creo, solo las personas sumisas lo permiten, ¿por qué lo hacen en las zonas populares? Hablando con los vecinos, mencionaron que tal vez nueve departamentos de 24 pisos de la Torre Veracruz estuvieron de acuerdo, los desempleados, algunos vecinos nuevos y despistados, las personas que trabajan no tuvieron tiempo ni para la junta del sismo, esa era importante. Niños de la serpiente emplumada: menos mona y mota sangrienta, más técnica. Urge. ¿Mujeres pintando?, no, hombres. De un lado alegres, del otro: enojo. Y los dueños de andamios, cubetas de pintura y aerosoles arrearon a los niños de la serpiente emplumada para tapar las grietas. Piedra, concreto armado, tabique, nobles, asesinos y elegantes materiales. La utopía de las ciudades verticales se derrumba. La modernidad es una promesa desde tiempos prehispánicos, un amigo dijo mientras partíamos una rosca de nata: “Tlatelolco está chingado desde Cortés”, es real. No tienen artistas transgresores en la zona, el ahuevado Rockdrigo González no cuenta, sus letras no son poesía, por favor, no exageren. La utopía es un sueño enfermo. Afortunadamente no estamos en París, Francia, al entenderlo sufriríamos menos. México sin vecindades, no es posible. Nacimos con la conversación del otro, con el olor de la cocina del vecino, con la mugre pegada a la tráquea, nos guste o no.

Tlatelolcas: sus enemigos se apoderan poco a poco de muros, espacios y locales, ustedes los reciben con el ánimo del perrito pateado. El nuevo Hernán Cortés sostiene una latita de spray en las alturas. Rescatar una zona, hundir otra, único proceso posible en una ciudad parricida. Esta subdivisión estrambótica de “arte”, jamás será una práctica crítica, tiernos muchachos piden permiso para transgredir, manada de cretinos violentos con materiales que son limosna, el arte callejero en sus orígenes no pedía permiso a nadie. El experimento fallido del capitalismo son estas generaciones de ¿artistas? que no corren, no gritan, no empujan, cuyo mayor logro es pintar una viejita rodeada de comales. Los chicos solo quieren divertirse, conformándose con reproducir clichés de lo que suponen identidad. Un vecino al ver el mural: “Qué bonito”, sí. El arte no es bonito. Tlatelolco siempre fue una especie de campo de concentración, bordes de miseria, pobreza, altos índices de ignorancia, delincuencia. Concreto y basura, el marco. Imágenes como simulacros nada más. El crimen de la “modernidad”, siempre impune. Eva Bracamontes, mexicana, la colombiana Ledania, la argentina Pum Pum, poseen un trabajo callejero superior, es demasiado pedir a los burócratas aburridos que ni siquiera están interesados en el arte. Decorativo y comunitario: la consigna rancia, espacios bellísimos desperdiciados para expresiones realmente profesionales. Todos tienen lo que se merecen. Lo lamento, tlatelolcas: ustedes no tienen remedio, están erosionados por un melodrama infinito.

* Escritora. Autora de la novela "Señorita Vodka" (Tusquets).

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