Un texto desconocido

El guión de El obsceno pájaro está basado en la novela de José Donoso y según hace notar Gustavo García, es el último testimonio de un cine que, entre 1976 y 78, buscó la utopía de una narrativa ...

Ciudad de México

En los ochenta, Gustavo García y Andrés de Luna publicaron, con la UAM, una revista que llamaron Intolerancia. El número cinco lo dedicaron al cine y la literatura.

Cuando me enteré que José Emilio Pacheco había muerto, busqué este número en mi biblioteca. Sentía que había perdido algo difícil de reponer, pero no. Aquí lo tengo. Junto a textos sobre Marcel Proust, Yukio Mishima y Alfonso Reyes hay un fragmento de guión: El obsceno pájaro de la noche de José Emilio Pacheco.

El guión de El obsceno pájaro está basado en la novela de José Donoso y según hace notar Gustavo García, es el último testimonio de un cine que, entre 1976 y 78, buscó la utopía de una narrativa nacional. Efectivamente, Pacheco buscó lo utópico no solo en la poesía, también en un cine que las administraciones desmantelaron así como desmantelaron el México de Las batallas en el desierto. “¿Quién puede sentir nostalgia de aquel horror?”, se pregunta Carlos en aquella novela que en 1987 adaptaría Vicente Leñero para la pantalla. Tal vez nosotros, pienso, los que gustamos imaginar qué hubiese sucedido si los autores del siglo pasado hubiesen sido apoyados y no castrados por la industria fílmica estatal.

Entre 1976 y 1978, Taboada filmó La Guerra Santa, Ripstein Cadena perpetua, José Estrada Los indolentes, y Rafael Corkidi Deseos. Al mismo tiempo, el gobierno cancelaba la producción de películas de Luis Alcoriza, Felipe Cazals, Rafael Castanedo, Rubén Gámez y Salomón Laiter. Este último había adaptado el cuento El parque hondo, de José Emilio Pacheco, para incorporarlo a su largometrajeEl viento distante. Todo aquel cine se eclipsó en aras de un cine industrial cuyas máximas glorias serían las ficheras. Y sin embargo, en una revista de hace más de treinta años, sigue vivo este guión que es en muchos sentidos el gran representante del arte castrado de aquellos años. Lo es, también, por su condición de abortado, de no–nacido.

En 1972, José Emilio Pacheco se incorporó a una industria que ya estaba moribunda. Con Julián Soler fue dialoguista de La otra mujer. Un año después, con Jorge Fons y Eduardo Luján, escribió el guión de Los cachorros, basado en la novela de Mario Vargas Llosa y con Arturo Ripstein escribió, en 1973, El castillo de la pureza. Eran años de “soñar lo imposible”. No había peor adjetivo que “burgués”, pero claro, José Emilio no lo era. Al contrario, como todos aquellos directores y guionistas, estaba en la búsqueda de regalar a México un cine nacional.

Con Donoso, Pacheco escribió El lugar sin límites y El obsceno pájaro de la noche, epítome de un cine que nació muerto. O tal vez no. Después de todo, el cine vive de muchas formas y como alguna vez dijo el mismo Pacheco: el guión es literatura. Y así pervive su guión: como literatura. El obsceno pájaro, de José Emilio Pacheco, basado en una novela de José Donoso, es la pequeña y desconocida joya literaria de un autor que como todo el cine de aquellos años, muriendo, vivió.