Los tesoros de El Marrón

Grabados tendrían una antigüedad de entre 4 mil y 9 mil años; para protegerlos, el acceso al área está restringido.

Monterrey

El Marrón es uno de los sitios más representativos con manifestaciones relacionadas con el arte rupestre y en especial con la presencia del borrego cimarrón, extinto ahora en Nuevo León.

Ubicado en el municipio de Mina, Nuevo León, pertenece al Ejido El Delgado y se encuentra cerca de los poblados Carricitos y Presa de la Mula, comunidades donde es posible apreciar, además de la amplia gama de motivos rupestres, cornamentas de venado y borrego cimarrón.

Para llegar a este lugar hay que realizar una larga caminata que inicia desde el sitio conocido como Puerto del Indio, que se encuentra a cinco kilómetros de caminata con dirección al norte.

La temperatura que supera durante la época de verano los 40 grados centígrados y el sol abrasador parecen ser el común denominador en la zona.

Las formaciones rocosas, que suben desde uno hasta más de 600 metros,  sirvieron como lienzo para que los antiguos pobladores pintaran y grabarán infinidad de motivos rupestres.

En el suelo, a lo largo de toda la caminata se aprecian cientos de fogones que sirvieron como cocinas prehistóricas, donde los antiguos grupos de cazadores recolectores hacían sus “barbacoas” y sus danzas ceremoniales.

El Marrón se encuentra sobre las orillas de un arroyo intermitente que baja de la montaña y que en temporada de lluvias o huracanes suele llevar un considerable caudal de agua.

Durante varias ocasiones, los poblados Presa de la Mula, Carricitos y El Delgado han quedado aislados de las vías de comunicación debido a que el arroyo crecido suele romper los puentes que los comunican con las carreteras que conducen a Monterrey.

La pobreza y la sequía que caracterizan a esta zona de Mina contrastan con la enorme riqueza en manifestaciones gráfico rupestres plasmadas en las piedras con tonalidades rojizas que predominan en esta región.

A lo largo del recorrido se puede apreciar un abrigo rocoso donde a la distancia se ve un conjunto de pinturas rupestres con tonalidades rojo, naranja, blanco, negro, amarillo y marrón, en cuyos trazos se detallan motivos geométricos (rayas, puntos, círculos), fitomorfos (plantas), zoomorfos (figuras de animales), antropomorfos (figuras humanas) y principalmente cornamentas de venado y borrego.

Las representaciones de estos últimos están diseminadas en la cresta rocosa, justo en la orilla del cauce del arroyo.

En cuanto a la vegetación del lugar predominan las plantas del semidesierto norestense mexicano, como los mezquites, albardas, pitahayas, nopales, lechuguilla, entre otras.

El peyote, planta alucinógena,  abunda en el lugar, por lo que es fácil inferir que los antiguos habitantes de El Marrón recurrieron esta planta en sus rituales religiosos.

En el sitio se contabilizaron cerca de 28 cornamentas de borrego, las cuales se encuentran en la ladera norte de la cresta rocosa y apuntan principalmente al lado poniente cuando los rayos del sol caen justo en el atardecer.

Llama la atención un conjunto de cornamentas en una roca las cuales fueron grabadas de una manera ascendente, motivo muy parecido al que se encuentra en dos sitios del estado de Coahuila que se ubican  a menos de 20 kilómetros de ahí, uno al  pie de la Sierra Pinta y otro en el Cañón de Eslabones, el llamado Valle del Pelillal, en Ramos Arizpe.

De todo este conjunto bien se puede representar parte de la bóveda celeste, donde al igual que la tribu Kiliwa, de Baja California, los habitantes veían al borrego cimarrón como una representación de la constelación de Orión.

Lo anterior bien puede ser parte de un mito ancestral, el cual se originó desde el momento en que los antiguos grupos de cazadores recolectores cruzaron el estrecho de Bering siguiendo a las especies en sus cacerías.

Además predominan los motivos como las navajas enmangadas, así como fue tallado minuciosamente en la roca parte del arsenal con el que eran cazados los borregos cimarrones, como si se tratase de una alegoría para la buena caza.

El Marrón bien puede tener una antigüedad que se remonta de los 4 mil a los 9 mil años, y en el abrigo rocoso permanece el registro de la actividad humana desde el paleo-indio hasta la época colonial.

A consecuencia de los constantes deslaves del camino en época de lluvia, el acceso a El Marrón es restringido, situación que ha contribuido a la preservación del espacio, manteniéndolo lejos de los saqueadores y vándalos que han dañado otros parajes con motivos rupestres cercanos a esta zona.