Los tesoros de Icamole

Según expertos, la infinidad de petrograbados hallados ahí tiene connotaciones sagradas y de buen augurio para la cacería.

García

Generalmente los sitios con manifestaciones gráfico rupestres tienen un patrón bastante similar, pues se trata de lugares que se encuentran cerca de los ríos donde predominan las costillas rocosas.

Uno de estos sitios es Icamole, ubicado en el municipio de García, Nuevo León.

Este punto se encuentra en medio de varios cañones formados por la erosión de arroyos intermitentes que desembocan en el río Salinas, que aguas arriba es mejor conocido como el Arroyo Patos y nace en las serranías del municipio de General Cepeda, en Coahuila.

Este lugar era ideal para la caza, y en las paredes de las rocas se puede apreciar cómo los antiguos cazadores recolectores semiotizaron los frontones pétreos usando como herramienta el arsenal con el cual cazaban venados, borregos cimarrones y todo aquello que formaba parte de su dieta.

El antropólogo William Breen Murray, catedrático de la UDEM que ha realizado diversas investigaciones en ésta y otras zonas del noreste mexicano, llegó a la conclusión de que infinidad de petrograbados esparcidos en este sitio arqueológico podrían tener una vocación astronómica y en una roca grabaron un grupo de puntos cuya sumatoria contabilizaba los ciclos de la luna en el firmamento.

Los conteos de alguna manera están relacionados con el Códice Dresde, donde los mayas detallaban el movimiento de la Luna.

Recorrer este lugar es como una especie de caja de sorpresas, ya que desde que comienza el ascenso hacia el lugar donde se encuentra la principal concentración de petroglifos, la belleza y el detalle con que fueron elaborados asombra a los visitantes.

Varias representaciones de atlatls -instrumento usado para proyectar lanzas- en la roca parecen recibir a las personas en la boca del cañón, bien como señal de advertencia o quizá para especificar que el punto representa un buen punto de tiro de lanza. La variedad de motivos rupestres existentes en el área es enorme.

Bastante estilizados, los atlatls fueron bastante socorridos por los cazadores; al ser plasmados en la roca de alguna forma ostentaban un carácter sagrado y evocaban el deseo de una buena cacería.

En estos puntos es fácil percatarse que los cazadores se apostaban en las partes altas de las crestas rocosas y desde ahí con estos artefactos aventaban sus lanzas contra los animales.

Hasta ahora, los indicios hallados sugieren que se trataba de un tipo de cacería muy bien organizada, la cual seguramente al paso del tiempo se fue perfeccionando hasta hacer de sus practicantes unos expertos en el uso y elaboración de armas para tales fines.

A lo largo de este sitio y de otros puntos cercanos como El Delgado, Los Fierro y Nacataz este tipo de cacería fue plasmado en las rocas.

Luego de una caminata inicia el ascenso al pequeño puerto que se encuentra a unos 100 metros de altura, ahí los antiguos naturales elaboraron una serie de grabados en formaciones rocosas.

Estos grabados seguramente tuvieron un valor especial para sus autores debido a que están en un sitio preponderante, un lugar especial donde se domina el panorama de esta zona.

Un motivo recurrente en Icamole son los soles, lo que hace pensar a los expertos que el lugar tenía una connotación especial para los antiguos pobladores, en tanto que las representaciones de cornamentas de venado y de borrego cimarrón estarían vinculadas con  las deidades del cielo, ya sea el Sol o las constelaciones.

En el llamado Camó 5 de Icamole, cerca de la figura de un sol, sobresale un grabado donde se detalla un mitote indígena un poco dañado por la erosión; este motivo sumamente antiguo es de los pocos donde se detalla una celebración de los primeros pobladores.

La antigüedad de Icamole se puede remontar hasta los 4 mil años de ocupación, según investigaciones de los arqueólogos de la delegación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Restos de material lítico -que significa hecho de piedra o relacionado con ella- abundan en la zona, y debido a lo aislado y lejano del terreno han quedado a salvo de los saqueadores.

En Icamole, los expertos han contabilizado siete cornamentas de borrego cimarrón, esparcidas en las crestas rocosas y el puerto.

Tras el embate del huracán Alex, a mediados de 2010, la geografía del lugar sufrió cambios drásticos; la presa qué servía como abastecimiento de agua al ejido de Icamole fue arrasada por la corriente.

No obstante y pese a las intensas lluvias de entonces, la mayor parte del sitio resultó sin daños. En contraste, el vandalismo ha causado afectaciones en esta zona de petrograbados.