Tesoros de galeón español, a subasta

Mel Fisher descubrió la embarcación hundida.
Cáliz de oro valorado entre los 400 mil y los 500 mil dólares.
Cáliz de oro valorado entre los 400 mil y los 500 mil dólares. (AFP)

Nueva York

Parte del tesoro del galeón español Nuestra Señora de Atocha, hundido en Florida en 1622 a causa de un huracán, será subastado en Nueva York el 5 de agosto en la casa Guernsey's, coincidiendo con el 30 aniversario de su descubrimiento por parte del cazador de tesoros estadunidense Mel Fisher.

Casi 40 objetos del galeón, entre ellos una cruz de esmeralda, lingotes de oro y plata, perlas salvajes o monedas españolas del siglo XVII, se venderán al mejor postor.

El Nuestra Señora de Atocha era el más famoso de los nueve barcos que se hundieron en Florida y tardó más de 150 años en ser encontrado, gracias al empecinamiento de Fisher, quien finalmente dio con él cerca de Cayos Marquesas, en Florida, en 1985.

El cazador de tesoros, en 16 años de búsqueda, encontró 40 toneladas de plata y oro, incluyendo 100 mil monedas de plata, otras de oro y varias esmeraldas colombianas. Todo un botín que los colones españoles llevaban a casa desde el Nuevo Mundo.

Ahora, esta subasta venderá algunos de los objetos favoritos de Fisher, que falleció en 1998 a los 76 años.

Las piezas más valiosas son un cáliz de oro valorado entre los 400 mil y los 500 mil dólares (de 359 a 449 mil euros), dos insólitas perlas salvajes de la región de Nueva Esparta —valoradas entre 300 mil y 400 mil dólares (de 269 a 359 mil euros)— y una cruz de oro y esmeralda, regalo del rey Felipe V de España a Elizabeth Farnese, duquesa de Palma, y que podría alcanzar los 125 mil dólares.

Pero quizá la más curiosa es una cadena de oro que el propio Mel Fisher llevó en la entrevista que le hicieron en El show de Johnny Carson tras encontrar el botín, que está valorada entre 90 mil y 120 mil (de 80 mil 900 a 107 mil euros).

La casa Guernsey's estima que el total de la venta sea entre "1,5 y 2 millones de dólares".

En el programa, Mel Fisher explicó que las joyas de oro, al contrario que los lingotes, podían pasar la aduana sin que el rey cobrara el 20 por ciento de impuestos que se conocía como "el quinto del Rey".