“La felicidad es una decisión, no suerte”: Fritz Thompson

Luego de un accidente que le ocasionara cuardaplejia, este hombre superó todas las adversidades y se ha ido recuperando; su experiencia, asegura, resulta valiosa para un país adolorido y sufriente ...
Fritz Thompson
Fritz Thompson (Arturo Bermúdez)

Ciudad de México

Hay un famoso proverbio chino que dice: “El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Esa idea, en ocasiones, martilla el pensamiento. De no haber abordado ese convoy del Metro sino el siguiente, de no haber salido de viaje ese día, de no haber llegado tarde a esa cita… el llamado efecto mariposa.

El concepto es parte de la Teoría del caos, según la cual, detrás de la manera caótica en la que surgen las cosas, existe un orden en el que todo está intercomunicado y entrelazado. Entonces, un cambio milimétrico en nuestras vidas le da un nuevo sentido y algo tan insignificante como un parpadeo puede traer consigo una hecatombe.


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Durante días, repasó el escenario previo al momento en que vio la camioneta impactarse contra su auto y escuchó el crujir de su cuello. En el camino por la autopista había hecho una parada para comprar un refresco y hacer una llamada. El martilleo de su recuento estaba poblado de varios hubiera: si no hubiera hecho esa parada, o si hubiera hecho una parada más, si la reunión con los jefes de mantenimiento que tuvo en Puebla hubiese durado cinco minutos más, si hubiera, hubiera, hubiera….

En efecto, tal vez el aleteo de una mariposa, o cualquier nimiedad hubieran impedido que Fritz Thompson estuviera circulando ese día en el kilómetro 58.35 de la carretera Puebla-México, y el chofer de una camioneta pick up, al verse a punto de colisionar con un Tsuru, volanteara, patinara, chocara contra el muro de contención y al final éste le sirviera como trampolín para proyectarse y caer justo encima de su Golf. Todo para que la colisión rompiera sus cervicales sexta y séptima y lo condenara a la cuadraplejia.

“Tenía de dos, quedarme en la silla de ruedas o en la cama y asumir el papel de víctima, quejarme de lo mal que me había tratado la vida, o bien esforzarme para revertir la situación”, dice Fritz, quien aún lucha contra las secuelas del accidente, la motricidad en su pierna izquierda, por ejemplo, no la ha recuperado del todo, pero a 13 años de distancia, puede valerse por sí mismo.

Con el estandarte de que la felicidad es una decisión y no un evento fortuito en la vida de alguien, Thompson se dedica, además de dirigir una empresa alemana con sede en México, a compartir su experiencia en conferencias a las que prefiere quitarles el calificativo de “superación personal”.

Después del accidente, su vida se volvió un calvario. Primero de aceptación de que no podría ya mover su cuerpo del cuello para abajo, es más, no podría ni sentirlo. Y después, el calvario de la rehabilitación: meses postrado en una cama de un hospital en el sur de la ciudad, otros en Miami y una estadía prolongada Cuba, para poder recuperar un mínimo de sensibilidad, la gloria de sentir un pequeño pinchazo en la planta del pie. Todo ese sinuoso recorrido lo ha plasmado en el libro Sucedió en un instante. Ruina y reconstrucción de una vida (Khálida Editores), una publicación que rehúsa sea literatura de autoayuda.

“Me permito pensar que este no es un libro de autoayuda. No es un libro de la índole de ‘yo te aconsejo los 10 pasos para el éxito’, es una experiencia vivida, sufrida, llorada por el protagonista, pero al mismo tiempo superada”, argumenta desde el escritorio de la oficina en la que funge como director de ventas.

“Inevitablemente algo que te da el sufrimiento es la sensibilidad. Si eres sensible y sabes que a tu alrededor hay mucha gente pasando por adversidades, las que sean, no solo de cuadriplejias, pueden ser fracasos económicos, desempleo, y sabes que tienes un par de reflexiones que pueden ayudar, pues por qué no compartirlo”, agrega.


¿Qué te hace creer que alguien tiene que leer la tragedia que enfrentó otra persona para poder ser feliz?

Porque vivimos sumergidos en banalidades. Te lo digo yo, que pensaba que a mis 30 años estaba por alcanzar el éxito porque estaba a punto de crear mi propia empresa antes del accidente. Trato de concientizar al lector de que la adversidad es universal, que a todo mundo nos toca. Un ejemplo dolorosísimo es el de Ayotzinapa. Si no matan a 43 personas de un golpe nadie se queja ni levanta la mano. El sexenio pasado fueron 100 mil y nadie dijo nada. No tienen que pasar las tragedias para que tomemos conciencia, trato de contradecir aquel dicho que dice no se aprende en cabeza ajena.


Psicólogos y psiquiatras dicen que el dolor es una experiencia personal, intransferible, por más que el lector trate de ponerse en tus zapatos, podrá sentir empatía, pero jamás sabrá qué es una lesión medular…

Le aprendí algo a Carlitos Páez, uno de los sobrevivientes de los Andes, él dice que no existe un “dolorímetro”, no hay manera justa de medir el dolor, no hay una escala. Una cosa ridícula puede ser más dolorosa que una cosa estrictamente traumática. A una niña de 15 años que la truene el novio puede llevarla al suicidio, mientras que a un hombre, en conciencia con el mundo, perder a un hijo puede ser algo asimilable. Todo está en la conciencia, en sabernos frágiles como seres humanos, más vale que en plenitud te superes porque cuando estalle la bronca tendrás que valerte de tu catálogo de valores para enfrentar la adversidad.


¿A qué apelas para trastocar a quién te lee?

No hay manera de que uno sienta igual que el otro. El dolor propio siempre va a ser más fuerte que el ajeno. Me permito tocar una vez más el tema de los 43 normalistas, entre los familiares de las víctimas hay diferentes formas de sentir la pérdida, no hay manera de que el sentimiento de un padre y el otro sea el mismo, mucho menos el del resto de la sociedad. Para mí, lo importante no es darle la vuelta al asunto sino hacer algo bueno con tu experiencia. Construye. Hasta ahorita no hemos construido algo que valga la pena. En mi caso, a raíz de una tragedia personal, he tratado de hacer que mi historia aporte a la vida de los demás.


Después de una experiencia como la tuya supongo que el concepto en sí del dolor ha cambiado brutalmente…

Para mí, como para muchos, hay dos tipos de dolor, el físico y el emocional. Como sabes, a consecuencia del dolor perdí la sensibilidad, no podía sentir las piernas, hasta llegué a pensar que me las habían cortado y que mi familia me lo ocultaba. Recientemente me he quemado los pies varias veces en estos años sin saberlo, entonces te das cuenta que el dolor físico es un sistema de alarma. Caray, el dolor no es negativo. En cuanto al dolor emocional es un proceso muy formativo. He dicho que me encanta: “Las camas duras hacen a los hombres fuertes”. Si tú te fijas, como nación, como sociedad, aquellos que están sometidos al rigor, a la dureza, son espíritus más fuertes (como Alemania con el Holocausto) que suelen crear mecanismos de superación. El dolor es un desarrollador de capacidades para sobreponerte a obstáculos.


Con secuelas que duelen y otras que no le permiten el dolor —en algunas partes del cuerpo ha perdido sensibilidad y en otras la reacción es a destiempo o torpe—, Thompson ha compartido cómo logró recuperar no solo la movilidad, sino su independencia, lo mismo frente a empleados de grandes empresas que en una cena de Navidad de uno de los empresarios más ricos de México, que creyó que el mejor regalo para su familia no eran los lujos de siempre sino esta historia de vida.

Asegura que no es profeta, ni sanador, mucho menos escritor, pero defiende que haber pasado casi tres años con la amenaza de todos los partes médicos confirmando que nunca volvería a caminar le dio una elección digna de comunicarse.

“Me podrán doler muchas cosas, pero la felicidad nadie me la quita porque es algo que yo ya elegí. Pude morir en el accidente, o no tener los medios para poder rehabilitarme, sucedieron cosas buenas en el accidente. Uno puede regodearse en el dolor o elegir aquilatar lo que tiene. La felicidad es una elección, que construyes, no es un soplo de suerte o algo que se pueda aprender solo leyendo un libro que te de los 10 pasos para ser feliz”.