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Domingo , 23.09.2018 / 12:29 Hoy

Teología trivial

Hombre de celuloide.

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Dios existe y vive en Bruselas. Con esta frase comienza la película belga de la Muestra: El nuevo Nuevo Testamento, de Jaco van Dormael, quien se hizo famoso con El octavo día, obra hilarante en la que también se burlaba de dios afirmando que el Octavo día había creado a los niños con síndrome de Down.

El diseño de producción en Le tout Nouveau Testament recuerda al cine de Wes Anderson (Hotel Budapest o Moonrise Kingdom), aunque creo que van Dormael se ha inspirado más en el cine fantástico francés, ese cuyo máximo exponente es Jean–Pierre Jeunet, autor de Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos y Amélie.

La historia va de una niña que se llama Ea y es hija de dios, un tipo pendenciero y aburrido que vive encerrado en su departamento de Bruselas, un hombre abusivo que golpea a la niña y a su mujer. Benoît Poelvoorde resulta hilarante en el papel de un frustrado todopoderoso. Todo va bien hasta que uno comienza a preguntarse cuál es el sentido de tanto chiste.

Porque aunque la película es visualmente atractiva, tanto chiste empalaga igual que las escenas poético–heréticas que se van hilando sin cesar. Entiendo que en esta clase de cine todo es posible, que los pollos miran películas de pollos y los tigres fuman frente a la televisión pero, ¿para qué? Pareciera que la película no termina por ser otra cosa que un sketch cómico bien producido pero al que le sobran noventa minutos de duración. Además, comparada con otras películas similares, El nuevo Nuevo Testamento queda mal parado. No tiene la profundidad de Dogville, por ejemplo, historia de Lars von Trier en la que también había un dios que enviaba a su hija a vivir entre nosotros.

Sobre todo, la comicidad se acaba cuando Ea encuentra que uno de sus evangelistas es asesino. No parece haber ligereza suficiente para reírse con un hombre que se va al parque y, con un rifle, apunta a la cabeza de niños y bebés. No es chistoso, pues. Por más que Van Dormael siga riendo con su chiste sobre el dios culpable de todos los males, llegados aquí uno tiene la incómoda sensación de que el realizador se está riendo solo, justo como ese dios que critica tanto y que visualiza en su oficina maldiciendo a toda la humanidad. Tal vez sea a causa de la incómoda sensación de estar atrapados en un largo chiste autofestejado que, a pesar de lo atractivo de sus imágenes, Le tout Noveau Testament no ha tenido una buena recepción ni de crítica ni de público. El cinéfilo interesado en las corrientes del mundo tiene que ver esta película, pero quien esté buscando cine como entretenimiento, no. Dar la vuelta a toda la ética del mundo resulta interesante como experimento, pero ni siquiera Von Trier ha conseguido producir empatía cuando se trata de un asesino. Y es que el tono cómico no es el mejor para estas disquisiciones y por más que Van Dormael no se dé cuenta, no todo puede ser presentado en forma de chiste. La cosa resulta tan grotesca como pretender que es simpático ver a Catherine Deneuve dándose besos con un orangután.

El nuevo Nuevo testamento (Le tout nuveau testament). Dirección: Jaco Van Dormael. Guión: Thomas Gunzig, Jaco Van Dormael. Fotografía: Christophe Beaucarne. Con Pili Groyne, Benoît Poelvoorde, Catherine Deneuve. Bélgica, Francia, Luxemburgo, 2015.

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