Analizan en laboratorio al Templo de Dolores

El equipo que restaura la iglesia envió a un laboratorio especializado en tema de patrimonio muestras de la pintura que cubre los murales de ese recinto.

Monterrey

El trabajo de restauración en el Templo de Dolores no es sólo artístico pues la ciencia también participa en ella.

Para ello, el equipo de Restáurika se apoyó en un laboratorio especialista en cuestiones de patrimonio del Colegio de Michoacán, donde se analizaron muestras de la pintura que cubre los murales de la iglesia del centro de Monterrey.

Selene Velázquez y Ricardo Mejía, restauradores de la empresa, indicaron que se enviaron al laboratorio muestras “milimétricas” donde se analizaron las diferentes capas pictóricas.

“Se mandaron hacer análisis a un laboratorio especializado en patrimonio al Colegio de Michoacán. Se vio que en la primera etapa se tenía hoja de cobre, conocido como oro falso, la cual tenía en abundancia. También se vio hoja, que sí es de oro, de 22 kilates”, detalló Ricardo Mejía.

Como resultado se observó que los murales del templo estuvieron cubiertos por hoja de cobre, así como decorado de hoja de oro de 22 quilates en rosetones y claves.

Ésta es una de las deducciones a las que se ha llegado tras dos meses de trabajo en el Templo de Nuestra Señora de los Dolores, el cual es restaurado con el apoyo de Conarte mediante tres millones 685 mil pesos gestionados a la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados en la LXII Legislatura.

 

Trabajar en las alturas

El proyecto de restauración se desarrollará en tres etapas. Actualmente se está en la última fase de la bóveda A, donde ya se consolidó la pintura de los murales y se trabaja en la reposición de color.

José Lozano es restaurador y forma parte del equipo de seis profesionales que están todo el día arriba de un andamio a 10 metros de altura.

“En un comienzo sí sientes (el vértigo), pero después te acostumbras”, dice.

 Trabajar en una situación así demanda paciencia, pues se produce una amplia gama de tonos para igualar el color lo más cercano posible al original.

Además, trabajar cerca de la bóveda implica que el calor de Monterrey se sienta con mayor fuerza.

“Cuando estás aquí en la bóveda se siente mucho calor. Aquí el color se seca inmediatamente, lo cual en parte es bueno, pero en otras secciones nos afecta un poco”, comenta sentado en el andamio.

 

“No debió ser el único”

La importancia de trabajar en el templo de Dolores radica en la cantidad de murales, pues todo el interior de la iglesia cuenta con ellos.

Para la restauradora Selene Velázquez, esta construcción es “una joya”, por ser el único en la región con esta clase de murales, aunque a su apreciación, no debió ser el único.

“No creo que sólo este templo haya estado decorado así, sino que varios más debieron tenerlo, porque era común en esa época, no sólo era por región. Lo que pasa es que en muchos templos se perdió, o simplemente lo pitaron de blanco”, apuntó.

En los trabajos de restauración se ha “revelado” cómo eran los murales originales del templo, de cuando se terminó de construir en 1909. En la primera capa de pintura predominaba el tono dorado, poco parecido a lo que hoy puede apreciarse.

Uno de los principales misterios es que se desconoce al autor de los murales de dicha parroquia aunque los trabajos de rescate han ido revelando pequeñas pistas.

Primero se encontraron las iniciales “S” y “L”, pero a dos meses de trabajo se ha encontrado una firma más.

“En el muro sur se encontraron unas firmas de una familia que intervino sólo la parte inferior, es interesante porque dice que la familia Juárez ‘restauró’ el muro, aunque no en las condiciones que hoy conocemos”, apuntó.

Los trabajos continuarán durante el resto del año.