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Lunes , 24.09.2018 / 09:08 Hoy

Temo convertirme en un viejo conservador: Padura

El literato cubano, quien continúa la saga de Mario Conde, comenta que el escritor, “en la medida que avanza en su carrera, se va quedando solo”.

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Mario Conde, el personaje emblemático de Leonardo Padura, está a punto de llegar a los 60 años en la más reciente entrega de su saga, La transparencia del tiempo. El escritor cubano ya ronda los 63 y muchos asuntos propios de la edad se empiezan a fundir en ambos: no hay miedo a la muerte, y coinciden en que a esas alturas se ve al mundo desde otra perspectiva, lo que no significa que no haya una preocupación: “Me da un poco de temor el convertirme en un viejo conservador, me odiaría a mí mismo si me sucediera. Sé que voy a ser viejo, a ser conservador, pero la combinación me espanta porque uno tiende a ver la vida desde la perspectiva de su experiencia, de su edad, de su expectativa de futuro y de su desencanto con el pasado, pero tiene que dejar un espacio para comprender a los otros”.

Palabras de uno de los narradores fundamentales de nuestro tiempo, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015 y un apasionado del beisbol, lo que aprovecha para jugar a tope: “Me canso cuando tengo que lanzar nueve entradas tres veces a la semana. Si me ponen a pichar cada cinco días, estoy perfecto.

“Mario Conde tiene 60 años y eso le da una perspectiva de la vida, interior y exterior. Cuando uno va llegando a una determinada edad, por supuesto físicamente eso tiene unos resultados: sabes que has vivido la mayor parte de tu vida, que te queda un epílogo que puede ser más o menos prolongado, 20 o 30 años si tienes mucha suerte. Pero con lo mal que Mario ha comido, lo mucho que ha fumado y todo lo que ha tomado, puede que no llegue allá; pero mientras podamos vamos a seguir juntos, tratando de entendernos a nosotros mismos y a la realidad que nos rodea”.

Padura está consciente de que las próximas novelas junto a Conde van a ser complicadas, porque muchos de los personajes empiezan a tener la edad para morir: “Todo ello se conjuga con un problema de carácter profesional, porque el escritor, en la medida que avanza en su carrera, se va quedando solo”.

EL HABANERO

Son ocho —”y media”, dice Padura— las novelas en las que Conde es protagonista. Todo comenzó con Pasado perfecto, hace ya más de 25 años, y en La transparencia del tiempo (Tusquets, 2017) sigue en su reflexión sobre el presente y, en especial, su recorrido por las calles que le ha tocado andar.

“El personaje de Mario Conde está viendo que a su alrededor, como sucede en muchas partes del mundo, hay un proceso de derrumbe, no solo físico sino moral. En la novela aparece el tema del reguetón: es una consecuencia de ese deterioro ético, moral, cultural, de algunas sociedades, específicamente de la cubana.

“En ese mundo que se está deteriorando, la pérdida de valores es evidente en cuanto al comportamiento de las personas y de algo que me parece esencial: el respeto al derecho ajeno. Conde, con sus amigos, trata de hacer una especie de fortaleza en la cual refugiarse y preservar lo que ellos consideran más importante”.

La Habana se mantiene como la otra protagonista del grueso de sus relatos, aunque suele ver a la ciudad con una cierta distancia, desde un barrio de la periferia, donde aún en la actualidad, cuando la gente va al centro, dice “voy a La Habana”.

“Me fui adentrando en ella progresivamente, desde la periferia hasta el centro, y soy un deudor de dos escritores que, aun cuando ninguno nació en La Habana, son los grandes autores habaneros: Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante. Sin la lectura de ambos no tendría la percepción literaria de la ciudad”.

En su paso por México —impartió una serie de conferencias sobre cine y literatura, en la Universidad de Guadalajara, como parte de la cátedra Julio Cortázar, y hasta una charla en Tepic—, Padura se da unos minutos para reflexionar sobre nuestro país, sobre todo de la violencia y de la política: “En cuatro meses me he encontrado con que todo el mundo habla de política, y lo que me parece más lamentable es que me cuenten de los niveles de inseguridad que se viven en sitios que eran seguros, un poco ajenos a la violencia, lo que afecta muchísimo a una sociedad y, sobre todo, a su vida espiritual”.

Así el escritor regresó a México para hablar de asuntos que dejó en el tintero en su anterior viaje, cuando recibió el doctorado honoris causa de la UNAM, en noviembre del año pasado. Tiene una certeza: “Vivo como un pelotero que ha dado un jonrón y recorre las bases para regresar a casa”.

La transparencia del tiempo se presenta hoy, a las 18:00, en el Museo de la Ciudad de México (Pino Suárez 30, Centro Histórico).

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