Teatro por la Dignidad /II

El personaje de Sam Houston, quien fuera uno de los incitadores de la apropiación de Texas por EU, escribía a su mentor Andrew Jackson algo que no dista mucho del pensamiento trumpiano.
Sam Houston, uno de los incitadores de la apropiación de Texas por Estados Unidos.
Sam Houston, uno de los incitadores de la apropiación de Texas por Estados Unidos. (Especial)

México

"El teatro no debe tener otra moraleja que la opinión de los espectadores. Sin embargo, vivimos un momento histórico en que resulta necesario hablar con énfasis y aludir a la realidad que circunda el escenario donde presentamos nuestra versión de los sueños. Esta noche hacemos teatro en un país amenazado. El presidente más poderoso de la Tierra ha lanzado una cruzada contra los mexicanos y construye un muro empeñado en demostrar que las divisiones y la desconfianza son formas de protección". De esta manera empieza el texto leído por el novelista y dramaturgo Juan Villoro durante la presentación, hace unas semanas, del Movimiento Teatro por la Dignidad (MTD).

Esta provocación para llevar a cabo una cruzada antiTrump desde la escritura de obras, su escenificación, la lectura del manifiesto del MTD al final de las funciones y mil y una posibilidades de representación simbólica de lo que es la relación bilateral y el nuevo cavernícola que habita la Casa Blanca, me llevan inevitablemente a meter las narices en la historia. Y el personaje de Sam Houston, quien fuera uno de los incitadores de la apropiación de Texas por Estados Unidos, escribía a su mentor Andrew Jackson algo que no dista mucho del pensamiento trumpiano: “México es un país con grandes recursos naturales, que podría levantar cabeza bajo un gobierno responsable y honesto. Entre sus políticos hay hombres con grandes luces, relegados a segundo plano por la insaciable ambición de los militares. Si alguno de ellos logra sostenerse en el poder, quizá México tenga la fuerza suficiente para reclamar con las armas el territorio del que ha sido despojado.

“Debemos, por tanto, fomentar la discordia civil por todos los medios a nuestro alcance y para ello puede sernos muy útil el general Antonio López de Santa Anna, quien en los últimos diez años ha sido cabecilla de otros tantos pronunciamientos. Contra el sentir de muchos convencionistas, que desearían comérselo vivo, prefiero dejar en libertad al ave depredadora. Te suplico reconsideres tu posición y le concedas una entrevista en Washington. La conferencia no reportaría beneficio alguno, pero serviría de pretexto para ponerlo a salvo y facilitarte el regreso a su patria, donde será nuestro mejor agente subversivo. Con su díscolo genio agitando la arena política, ningún gobierno podrá enderezar la nave del Estado y México se mantendrá sumido en el caos, donde nos conviene que permanezca por mucho tiempo, para que su débil ejército no pueda impedir las futuras anexiones de Arizona, Colorado y las dos Californias”.