"El arte puede rescatar lo dañado por la violencia"

Teatro para el fin del mundo está diseñado para aprovechar recintos y zonas afectadas por la violencia, como en Tamaulipas, y que se ha extendido a países como Uruguay y Argentina.
Escena de Megalópolis en Tampico en Teatro para el fin del mundo.
Escena de Megalópolis en Tampico en Teatro para el fin del mundo. (Erik Vargas)

Tampico

El dramaturgo Ángel Hernández aseguró que las expresiones artísticas, los proyectos cargados de realidad social y cimentados en sitios que han sido vulnerados por la violencia, puede ayudar a rescatar una parte de la sociedad.

El mensaje fue parte del cierre de la segunda noche del festival Teatro para el fin del mundo, en el que participan colectivos de diversas partes del país, además de grupos escénicos de Chile, Uruguay e Italia.

Es de este último el que fue preludio al mensaje de Ángel, en el interior del avión abandonado en el Parque Metrópolix, en el corazón natural de Tampico: la laguna del Carpintero.

“Lugares como y eventos como éste, son el ejemplo de que las expresiones puede rescatar lo que hemos perdido o lo que estamos por perder pro la violencia” dijo ante cerca de 50 asistentes.

Señaló que el proyecto TFM, que vive su quinta edición de festival, está diseñado para “intervenir” con proyectos culturales, con propuestas artísticas, con mensajes cargados de realidad social, sitios que poco a poco se quedan en el olvido del colectivo citadino.

Ese ha sido quizá el éxito del programa TFM que se extendió ya, con dos filiales casi independientes, a los países de Uruguay y Argentina, donde se llevará  cabo la segunda y tercera parte del festival, que culmina en su totalidad a mediados de diciembre.

Esa noche, Instabili Vaganti, el colectivo originario de Italia realizó una muestra experimental en la que evocaba la fragilidad de la identidad humana, la nostalgia, la crisis y los sentimientos de esperanza, todo bajo el nombre de Megalópolis, presentado en el avión Metrópolix, rebautizado como 11-S, el homenaje a los atentados del 11 de septiembre a las torres gemelas, en Nueva York.

“Este proyecto que nace de la nada, de un laboratorio han ido por el mundo interviniendo espacios liberando el movimiento de sus resistencias, a través del estudio del ritmo”.

Las siguientes presentaciones son en algunos edificios de la colonia Isleta Pérez, casi en su totalidad abandonada, y en los recintos que ya posé el proyecto de Hernández Arreola.