Sordos comparten su ritmo en 'Música para los ojos'

La compañía Seña y Verbo presenta esta pieza de cuatro historias acompañadas por obras de Bach, Beethoven, Mendelssohn y Vivaldi.
El grupo de artes escénicas tiene más de 20 años.
El grupo de artes escénicas tiene más de 20 años. (Cortesía Seña y Verbo)

México

Por más de 20 años la compañía Seña y Verbo se ha propuesto hacer teatro con actores sordos para un público tanto sordo y oyente; la mayoría de las veces sus montajes son bilingües, es decir, en español y en la lengua de señas mexicana. Con ello se ha logrado derribar las barreras que existen entre uno y otro lenguaje, entre ambos públicos, para aprender, comprender, sentir y apreciar mutuamente, además de diversificar la oferta teatral.

La conquista de un territorio común a todos, de expresión universal, es lo que se pretende con Música para los ojos, una obra de teatro en formato de concierto escrita y dirigida por Sergio Bátiz. Fue estrenada en 2011, pero será repuesta en el teatro Julio Castillo, del Centro Cultural del Bosque, los sábados y domingos a las 11:30 y 13:00 hasta el 15 de mayo próximo.

Dice Bátiz, autor y director del montaje, que "Música para los ojos surgió de un diálogo entre dos mundos diferentes: el de las imágenes silenciosas de los sordos y el aparentemente intangible universo de la música, unidos en un lenguaje común: el teatro".

Explica que el punto en el que confluyen ambos universos es el ritmo: "Fue –abunda— una gran sorpresa descubrir que los actores sordos que trabajan en Seña y Verbo conocen el ritmo de una escena como saberse su texto. Esto es algo muy importante para un actor: conocer y manejar el ritmo en las escenas. Entonces, a la hora de descubrir que el ritmo en el teatro también ayuda a conocer el ritmo en la música, nos abrió ese espacio y ese punto de unión entre ellos y la música. Si bien no pueden escuchar las armonías o los timbres de los distintos instrumentos que suenan en la música, ellos sí pueden percibir el ritmo, sí hay una manera de traducirlo de manera visual como lo hace normalmente un director musical".

Así fue como surgió esta idea de montar una obra de teatro con formato de concierto, una pieza para niños de entre tres y cinco años que fue, también, ampliando las fronteras de la edad para lograr la emoción en el público adulto.

La música, elegida por actores y el director, es el eje alrededor del cual se cuentan cuatro microhistorias; así aparecen grandes compositores como Bach, Beethoven, Mendelssohn y Vivaldi, apoyados con títeres y arte digital, más el talento de un elenco conformado por Eduardo Domínguez, Roberto de Loera, Guadalupe Vergara, Sergio Bátiz y Socorro Casillas —quienes alternarán funciones—, así como la escenografía y el vestuario de Edyta Rzewuska, y la iluminación de Sergio López Vigueras.

Fuera de lo común

De acuerdo con Bátiz, la trama que se cuenta es la sorpresa que se lleva un director de orquesta, quien llega dispuesto a dar un concierto habitual y acaba dando un concierto que no se había imaginado. A principio vemos estuches de violín y atriles, y sucede algo mágico que nos conduce a algo que no esperábamos.

"La primera pequeña historia, con la pieza La tempestad del mar, de Vivaldi, es la de un juego entre varios peces; la segunda es una fuga de Bach, La pequeña fuga en sol menor, que acompaña la historia de dos pájaros que aprenden a volar; después sigue el segundo movimiento de la sonata Patética, de Beethoven, con la que se cuenta la historia de una familia que sale de viaje en un coche y el sueño que tiene el niño. La última historia gira en torno a la obertura de las Hébrides, de Mendelssohn, con la que se relata la historia del viaje de un astronauta".

Por el escenario transitan personajes y situaciones escondidas en la música, que dan como resultado un concierto totalmente fuera de lo común, en el que un libro de dibujos funciona como partitura, y los actores y el director transitan libremente por el ritmo, los acentos, la cadencia y el espíritu musical que, además de escucharse, puede verse.

"Mi principal expectativa es que las familias disfruten la puesta en escena, pero lo que más me gustaría es que al terminar quedaran pensando: ¿cómo es que tres sordos pueden hacer una coreografía al ritmo de una música que no pueden escuchar?, o ¿qué parte de la música no es ajena a una persona sorda?, y que con esas dudas regresen a ver Música para los ojos. Les aseguro que, si observan con atención, encontrarán las respuestas", finalizó.