El teatro del futuro

La puerta estrecha.
Teatro
Teatro (Especial)

Ciudad de México

Las discusiones acerca de la relación del arte con la tecnología o los ciberespacios, las “nuevas” formas de construir historias, así como su desarrollo con los elementos que ello implica, es hoy ya un discurso que comienza a percibirse repetitivo, quizá porque su asimilación se ha gestado en el acelerado paso de los mismos avances, o porque las propuestas teóricas ya no dotan una renovación significativa al tema, especialmente en el teatro.

En 1965, George Steiner escribió en su libro Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano importantes consideraciones acerca del futuro de la literatura, y, entre otras cosas, habló sobre la relación espectador-lector con las artes.

Sus propuestas nos ubican en un contexto del que podríamos hoy partir para analizar, social y tecnológicamente, el posible teatro del futuro; lo que no significa que las artes teatrales tengan solo avances en cuestión de producción escénica o representaciones. Sería un grave error pensar algo así; de hecho —como Ionesco o Beckett, entre otros, lo entendieron e hicieron en su tiempo—, el avance para los dramaturgos, considero, está en los diálogos y la reconstrucción o destrucción del hombre a través de tal, en la comprensión de la sociedad tecnológica, absurda y feroz que vivimos, y la transformación de esa idea en diálogos, para entonces convertirse en personajes e historias. Quizá sea comparable con la idea de Octavio Paz en su ensayo “Poesía y periodismo”, en el que ubica a los poetas como verdaderos cronistas, y me parece que la función del dramaturgo es algo parecido.

Steiner, pues, plantea dentro de sus múltiples propuestas que el futuro (quizá ese “futuro” ya sea hoy después de cuatro décadas) del arte representativo es el de la risa de la inteligencia, y esto es actual. En su ensayo “El género pitagórico”, después de plantear la crisis de la novela tras el teatro en verso, puntualiza que en una era de la información electrónica, visual y de masas, “el drama —y especialmente el drama abierto a la crítica y a la participación del público— tiene un inmenso futuro. Más que ningún otro género, el teatro puede organizar, explorar y simbolizar la conciencia de una comunidad en desarrollo. […] combinando en su armazón flexible todos los lenguajes, desde la danza, el mimo y la música hasta los códigos verbales más pulcramente estilizados”.

Así que, de inicio, podríamos pensar que el futuro para el teatro es extenso y, pretenciosamente, inacabable. Lo que quizá sí siga sucediendo es su modificación frente a las tecnologías.

Algunas de estas consideraciones steinerianas son el punto inicial para el ensayo El teatro del futuro del académico español José-Luis García Barrientos, donde expone y se cuestiona el posible futuro del teatro en tres vertientes: la práctica, la teoría y la escritura, y la asistencia; todas trastocadas o con una posible conversión ante el crecimiento tecnológico y los ciberespacios, pero siempre defendiendo a dicha disciplina escénica como un espectáculo que se vive únicamente estando ahí, es decir: el teatro es básicamente presencial. ¿Será posible algún día el teatro en un ciberespacio? La puerta estrecha se ha cerrado.