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Teatro en municipios /II

Teatro

Por supuesto, el grupo amateur nos sacó de dudas y ellos en realidad querían hacer una severa crítica, pues en su pueblo han cundido las adicciones.
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Comentaba la semana pasada haber presenciado una pastorela hecha por aficionados en un municipio de Morelos. Sus creadores son amas de casa, la farmacéutica, el plomero, el albañil, el abogado, la contadora, etcétera, más numerosos niños y jóvenes en edad escolar. Nos sorprendía sobremanera un par de escenas donde un personaje que fumaba mariguana convencía a los demás en seguirle, y terminaba pareciendo una apología de la droga. Por supuesto, el grupo amateur nos sacó de dudas y ellos en realidad querían hacer una severa crítica, pues en su pueblo han cundido las adicciones. O sea, a la hora de ejecutar la dramaturgia, una buena idea se convirtió peligrosamente en lo contrario. Problema técnico. Un ojo externo hacía falta para que no saliera el tiro por la culata.

En el mismo sentido, cuando uno contempla estas expresiones artísticas aficionadas es frecuente toparse con los referentes de El Chavo del 8: el mal melodrama, los chistes de Jojojojorge Falcón y demás pobrezas de una cultura televisiva que lleva décadas normando los gustos de la gente en comunidades (aún las más alejadas) y zonas rurales, amén de pequeñas poblaciones urbanas. Así, en el contexto del proyecto apreciable y necesario de una segunda ola de misiones culturales vasconcelistas que propone nuestra nueva Secretaría de Cultura federal, me parece urgente contestarnos muchas preguntas.

¿Cuáles son los referentes de los grupos de teatro de aficionados o amateur que emprenden en su tiempo libre este arte? ¿Con qué herramientas técnicas cuentan? ¿Qué lecturas les acompañan y qué acceso tienen a libros, información y opciones formativas para hacerlo cada vez mejor? ¿Proliferan los grupos aficionados en municipios y comunidades de este país? ¿Por qué surgen y cuáles son sus alcances? ¿Puede ser sembrada la inquietud ahí donde no existe (y aquí no solo habría que limitarse a la disciplina teatral sino de todas las artes)? ¿Se les debe dejar crecer solos o deben tener un acompañamiento —ni invasivo— por parte de las instituciones culturales de los tres órdenes de gobierno? ¿Cómo hacer que en las estructuras de gobierno municipales que suelen no contar con proyecto cultural alguno se les fomente, apoye y acompañe? ¿Quién o qué perfiles de profesionales debieran hacer tal seguimiento o apoyo formativo en estas Misiones Culturales?

TRASPUNTE

POR UN ROSTRO NUEVO
Ante un panorama complicado para los profesionales de las artes donde la falta de empleo, la concentración de los servicios culturales y la poca atención que se ha puesto en llegar a la sociedad toda, un proyecto mayor en comunidades y municipios —bien articulado— puede cambiar el rostro del país.

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