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Domingo , 23.09.2018 / 11:30 Hoy

Teatro e independencia /II

Resultaría muy difícil pensar estas producciones sin su correspondiente lectura “en voz alta” o escenificación ante sus destinatarios obvios.

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Para el momento de la guerra de Independencia, la parte mayoritaria de la población era analfabeta, y llama la atención no solo el rasgo de oralidad de las “producciones” dramáticas del momento, sino su calado y recuperación de un habla popular de la que no eran usuarias las clases media y acomodada de la sociedad novohispana. Resultaría muy difícil pensar estas producciones sin su correspondiente lectura “en voz alta” o escenificación ante sus destinatarios obvios: la indiada y los mestizos que podían sumarse, o ya lo habían hecho, a la guerra.

Las fazañas de Hidalgo, Quixote de nuevo cuño, hacedor de tuertos, etcétera, diálogo entre el coronel Chepe Michiljuiyas y Pancha la Jorobadita, se debe a la pluma de Agustín Pomposo Fernández de San Salvador (1756-1842), y apareció como “hoja volante”, primero en 1810 por la Oficina de Valdés, y luego en 1814 en la Imprenta de Ontiveros. El caso de Las fazañas es el de un texto en toda forma teatral. Si consideramos que una de las características fundamentales del arte dramático y de los preceptos aristotélicos es la puesta en un aquí y ahora de personajes en conflicto, es decir, de caracteres en situación, el texto de Fernández de San Salvador no puede sino considerarse como una obra teatral en forma y un excelente ejemplo de la escritura antiinsurgente de la época. Su autor, sin embargo, sufrió los reveses de la vida y bajo su techo se criaron los independentistas Leona Vicario, Andrés Quintana Roo y su hijo Manuel.

La loca independiente y su marido fue publicada por la Imprenta Americana de don José María Betancourt en 1821 y es anónimo. Esta divertida obra, en donde una pareja busca hallar remedio a sus necesidades más primarias, nos pone frente a las duras condiciones después de 11 años de conflicto bélico, a pesar del regocijo de la recién adquirida Independencia. Pequeñas situaciones, siempre con un personaje que ha de convencer a través de sus razones a otros más ignorantes o equivocados, como el regateo al precio de las tortillas (Desengaño de los indios haciéndoles ver lo mucho que le deben a los españoles, del Mexicano A. V., 1810), el lamento por los hombres que se van a la guerra (El militar cristiano contra el padre Hidalgo y el capitán Allende, de Francisco Estrada, 1810), el rito de tomar chocolate caliente (Crítica del hombre libre, anónimo, 1821), representan distintas gradaciones de teatralidad, siempre sometidas a la urgencia discursiva de los autores en contra o en pro del proceso independentista mexicano. En la próxima entrega, reproduciremos una de estas joyas.

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