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Sábado , 20.10.2018 / 04:20 Hoy

Te hace falta ver más bax

Bichos y parientes


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Hay quien juega al futbol o quien juega al tenis. Pero un boxeador no juega a los golpes: pelea. Lo sabe Joyce Carol Oates desde niña, cuando su padre la llevaba a aquel “ritual dionisiaco de crueldad, sacrificio y redención”, donde “el ring es un altar y uno de esos espacios legendarios donde las leyes de una nación se suspenden”. Y el resultado de aquella mala costumbre pedagógica es una breve obra maestra: On boxing (1986; no muy bien traducida al español por Tusquets, Del boxeo, 1990).

“No disfruto el box —dice Oates—, nunca lo he disfrutado y tampoco pienso en el boxeo en términos literarios, como metáfora de algo más... aunque acepto la proposición de que la vida es una metáfora del boxeo… uno de esos combates que siguen y siguen, asalto tras asalto, en una pelea tan cerrada que es imposible no ver que tu adversario eres tú. Pero el boxeo solo se parece al boxeo”. Los egos se disuelven y uno queda ante “una viciosa explotación de la masculinidad, como la prostitución y la pornografía pueden ser viciosas explotaciones de la feminidad”.

Oates atestiguaba, sin saberlo, el final de una gran era: el boxeo anterior a los pagos por evento y los canales de paga; el campeón que emergía de su barrio con la esperanza de su gente colgada al cuello… No llega a las peleas de los años noventa donde algo se perdió: la mecánica actual exige que los boxeadores funjan como estrellas mediáticas, que bailen, rehúyan el combate y hagan un espectáculo de aspavientos. Lástima: el estilo del peleador rudo, duro, se quedó no solo en otra época sino en blanco y negro. Hoy quedan pocos pugilistas y abundan los esquivadores que quieren ser Mayweather, no Rocky Marciano. A Oates apenas le tocó el inicio de todo esto, cuando los empresarios, dueños de los peleadores, comenzaron a cuidar su “inversión” y el nocaut fue sustituido por el nocaut técnico. Y pone como ejemplo la pelea de Larry Holmes y el vestigio de aquel milagro que fue Muhammad Ali: “fue como ver la autopsia de un hombre todavía vivo”. Y pienso en Jack London y en Norman Mailer, pero también en Angelo Dundee o Mike Tyson.

El libro no solamente es un estupendo ensayo; también es el mejor escrito que conozco sobre box. Pero, sobre todo, algo más importante: el que una mujer así de pequeña, delgada y frágil, salida de un mundo de libros y autora de muchos, haya sido capaz de explorar a fondo algo que le es por completo ajeno en tanto práctica, muestra que la imaginación y la observación pueden ser más precisas que la experiencia.

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