El tatuaje es un oficio, no un arte, dice Gisela Muciño

El volumen presenta un diálogo entre quienes ejercen esa forma de dibujo y quienes aceptan que éste sea plasmado en su cuerpo.
La disciplina tiene su origen en el underground.
La disciplina tiene su origen en el underground. (Octavio Hoyos)

México

Hace siete años, dentro del movimiento subterráneo comenzó a generarse otra propuesta que apostaba por reflexionar en torno a su quehacer y, en especial, alentar su desarrollo, más allá de cualquier prejuicio social: Losindeceables.

Cuenta Gisela Muciño, coordinadora de la agrupación, que la reunión se dio a partir de que tatuadores y tatuados se sentían excluidos del resto de la sociedad, “y nos preguntamos lo que pasa, sobre todo en lo que llamamos la escena mexicana y cómo los reality shows han contribuido a cambiar esa visión, al grado de que ahora se les dice o se autonombran artistas”.

Es un acercamiento a una actividad que tiene su historia y sus escenarios; sobre esto las disciplinas sociales suelen ser muy cuadradas, “y muchas han hablado sobre el tema, pero nunca le habían dado la voz a los tatuadores; siempre hay interpretaciones de la psicología, de la sociología, de la antropología social, pero no con una voz en primera persona”.

Los tatuadores y los tatuados han enfrentado la discriminación, aun cuando en los últimos tiempos se haya dado una gradual transformación que no termina por ser definitiva, asegura Muciño; de ahí el interés por hacer un repaso de lo que ha sucedido con este oficio a través del libro Memorias corporales. Diálogos con la historia: tatuaje y tatuadores.

“El tatuaje es un oficio; no es arte, porque no hay creación. Son iconografías y estilos ya predeterminados, aunque ahora ya hay escuelas de arte donde comenzaron a instituir el tema del tatuaje. La vieja escuela sigue reafirmando que el tatuaje es un oficio y que no son artistas, mientras que la nueva escuela diría que sí”, dice Muciño.

Desde su perspectiva, la frontera está en que algunos tatuadores de la vieja escuela han entrado al arte, pero no se dio a partir de su labor en el tatuaje, como es el caso del Dr. Lakra y de muchos tatuadores estadunidenses que han entrado a la escena artística.

“Estos diálogos son porque conversan los tatuadores mexicanos y los californianos, la gente que está en la cárcel o que está en el encierro, diálogos que no solo son de voz a voz, sino también los que se han dado en documentos que han conservado para reafirmar la historia, aunque ya sabemos que la historia también depende desde dónde se cuenta”, explica Muciño.

En el volumen se reúnen entrevistas con tatuadores ochenteros, quienes cuentan desde cómo encuentran el tatuaje o los espacios donde tatúan, hasta los precios, las máquinas o las tintas; luego vienen los tatuadores californianos, donde está Freddy Corbin, una leyenda viva, y después se tiene el capítulo del dolor y la nostalgia, que es el tatuaje carcelario, o un texto de Marco Darío Balderas sobre el tatuaje en el mundo mesoamericano.

“Los inicios del tatuaje están en el underground, y hoy en día se ha colocado como un imaginario de un simbolismo socioeconómico, con lo cual sí se ha cambiado un lado; por el otro, se creía que antes había discriminación, pero no existía, más bien de ahí viene la connotación que nos han dados los psicólogos y los criminólogos de que solo quienes están en la cárcel se tatúan.

“Antes los chicos no vivían discriminación ni estaban preocupados de si encontrarían un trabajo, porque como venían de una clase económica baja ya eran discriminados de origen. También se volvió un objeto del deseo estar tatuado; los tatuadores que son viejos saben que los jóvenes ahora se tatúan de una manera impresionantemente rápida y en lugares visibles, y antes no”, añade.

Los indeceables comparten la vieja escuela: el tatuaje es un oficio, no un arte, advierte Muciño.

El volumen será presentado mañana a las 13:00 horas en la galería José María Velasco, Peralvillo 55, colonia Morelos.