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Viernes , 21.09.2018 / 20:51 Hoy

Tardes con Laura Antonelli

El monje, antes de decidir el monasterio, pasó tardes clandestinas en el cine Arcadia viendo a las actrices más guapas y sensuales. Una de ellas, Laura Antonelli. 

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El cartujo se deshace en lágrimas. No es para menos. Ha muerto Laura Antonelli. En su adolescencia, el monje se asomó por primera vez al precipicio de la comedia erótica italiana con El mirlo macho, protagonizada por Lando Buzzanca, en el cine Arcadia. Era otro tiempo y otra ciudad. En ese cine vería durante años las películas de Buzzanca pero también las de Edwige Fenech, la estrella de La perversa señora Ward o La esposa virgen, y las de Ornella Muti, inolvidable lolita en La casa de las palomas, con Lucía Bosé.

El Arcadia lo hizo alejarse del Cinema Río, en la calle de Cuba, muy cerca de la Plaza de Santo Domingo, abierto desde las 10 de la mañana para consuelo de los solitarios. El Río, el Savoy, el Venus, eran surtidores de sueños avivados por un torrente de mujeres hermosas, muchas de ellas de Holanda y sobre todo de Suecia. En la penumbra de esas salas, grandes, semivacías, el monje templó su carácter, domó sus instintos y decidió su destino: el monasterio. Pero antes de enclaustrarse pasó tardes clandestinas en ese cine junto al restaurante Tampico, viendo a las actrices más guapas y sensuales. Una de ellas, Laura Antonelli, la Constanza de El mirlo macho, dispuesta a cualquier cosa para cumplir los caprichos y hacer feliz a Niccolò Vivaldi (Lando Buzzanca), su esposo, violoncelista de una orquesta de Verona. Niccolò es un hombre gris casado con la mujer más deseada de la ciudad. Solo cuando va con ella atrae miradas y envidias y se siente orgulloso. Por eso le pide y ella acepta mostrarse desnuda ante los demás. La película es divertida, pero nadie en aquellos días iba al cine a reírse con las peripecias y ocurrencias de Niccolò sino a admirar, con la boca abierta, la fascinante desnudez de Constanza, la plenitud de Laura Antonelli.

Un año después de El mirlo macho, Antonelli estremeció al mundo con Malicia (1974), su primera colaboración con Salvatore Samperi, con quien también filmó Pecado venial, Casta y pura y Malicia 2000, la última y fallida película de la actriz fallecida el pasado 22 de junio y por quien las campanas del monasterio doblan a duelo.

¿Quién no recuerda aquella escena de Malicia en la cual el adolescente Nino (Alessandro Momo) baja la mano y hurga en la entrepierna de Angela La Barbera (Antonelli) hasta despojarla de las bragas, mientras su padre, sus dos hermanos y un sacerdote departen con ellos en la mesa?

Problemas con las drogas, con la justicia y un terrible tratamiento estético en el rostro, terminaron con la carrera de Laura Antonelli, quien se hundió en la depresión y la pobreza. En 2010, el actor Lino Banfi solicitó al gobierno italiano ayuda para ella, pero Laura le respondió en una enfática carta pública diciéndole: "Agradezco mucho a Lino Banfi, porque la ayuda podría brindarme una vida más serena, pero lo que de verdad quiero es que todos me olviden".

¿Quién de quienes alguna vez la vieron podría olvidarla?

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

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