El talento del American String Quartet, en la UNAM

El grupo estadunidense, fundado en 1974, cuenta en su discografía con todos los cuartetos de cuerda de Beethoven, Schubert y Schoenberg.
Su vasta obra discográfica incluye grabaciones de Corigliano, Danielpour, Dvorák, Fuchs y Prokofiev.
Su vasta obra discográfica incluye grabaciones de Corigliano, Danielpour, Dvorák, Fuchs y Prokofiev. (Stu Levy)

México

Pareciera que el violista Daniel Avshalomov es un gran chef cuando explica lo que escucharemos en el concierto que ofrecerá con el American String Quartet el próximo miércoles en la Sala Nezahualcóyotl: “Nuestro programa es un festín de postres: tres exquisitos sextetos de Strauss, Brahms y Tchaikovsky, para los que tenemos como invitados a nuestros amigos y queridos colegas Roberto Díaz en la viola y Andrés Díaz en el violonchelo”.

Luego nos imaginamos a un científico al leer el primer párrafo de su respuesta por correo electrónico sobre la formación del grupo estadunidense. “En el espacio hay muchas nubes de gas, materiales en turbulencia en el espacio. Algunas veces interactúan de tal manera que forman planetas, orbitan juntos y se fusionan. En situaciones raras se unen con tal poder y rapidez que las altas temperaturas producen una nueva estrella”.

Una vez en tierra, Avshalomov narra el origen del grupo que incluye también a los violinistas Peter Winograd y Laurie Carney, así como el violonchelista Wolfram Koessel. “Cuando éramos estudiantes de la Juilliard School of Music cada uno estábamos en diferentes ensambles. Dos estábamos juntos en un cuarteto, otros dos tocaban en tríos o en cuartetos con piano. Todos coincidíamos en la misma orquesta. En un par de años averiguamos quiénes éramos los músicos de cámara serios y luego descubrimos con quienes teníamos la mejor química. Después de un trabajo duro y una formación reveladora, ganamos dos importantes concursos en Estados Unidos (el Coleman Prize y el Naumburg Award). Ese fue el principio”.   

Treinta y ocho años han pasado desde entonces y el grupo tiene entre sus logros, además de muchos otros premios, haber tocado y grabado todos los cuartetos de cuerda de Beethoven, Schubert, Schoenberg, Bartók y Mozart. Su vasta obra discográfica incluye también grabaciones de autores como Corigliano, Danielpour, Dvorák, Fuchs, Prokofiev, Schoenberg y Tsontakis.

Su sonido individual tiene que ver más con su formación que con los genes, advierte el violista, cuyo apellido, como el de sus compañeros, denota una ascendencia fuera de Estados Unidos. “Sin embargo, dado que los padres de todos fueron músicos (profesionales o aficionados), desde el principio la música se volvió como algo normal y necesario en nuestras vidas. Así que tal vez la música que nuestros parientes disfrutaban afectaba nuestros gustos como adultos, aunque hoy tocamos diferentes tipos de música”

¿Cuál fue el gran reto de grabar y tocar todos los cuartetos de Beethoven?

Únicamente los cuartetos de Beethoven se tocan en su totalidad como un ciclo, con alguna regularidad. Gran parte del reto es mantener en nuestras mentes todo el potencial de Beethoven mientras nos acercamos a las presentaciones (que pueden realizarse a lo largo de seis días, pero resultan tan largos como un año).

¿Y qué nos dice de los cuartetos de Schubert y Schoenberg?

Los primeros cuartetos de Schubert no son profundos —y no intentaban serlo—, así que uno debe tocarlos lo suficiente como para dominarlos, pero no para cansarse de ellos. Los últimos trabajos son, por supuesto, magníficos: tres son del mismo nivel que los cuartetos intermedios de Beethoven y el último se compara con su etapa final. La segunda vez que tocamos todos los cuartetos de Schoenberg fue para un público que conocía la música tanto (o mejor) que nosotros: fuimos invitados para tocarlos en el décimo aniversario del Instituto Schoenberg en la Universidad de California en Los Ángeles.

¿Cómo fue el trabajo con Bartók?

El desafío de los seis cuartetos de Bartók varía mucho de uno a otro. El primero es sentido y apasionado, pero también es el trabajo de un compositor joven y se desborda un poco, lo que hace que se dificulten los cambios de página en la partitura. El segundo es tanto dramático como personal —se supone que parte de su expresión debe ser proyectada, pero la mayoría debe permanecer en la intimidad—. El tercero es un pináculo de intensidad y, técnicamente, las partes individuales son las más demandantes. El cuarto y el quinto son similares, estructuralmente, y los retos técnicos son más para el ensamble que para cada individuo, y el sexto es una cumbre emocional.

¿Cómo fue tocar la obra de Mozart en instrumentos de la familia Stradivarius?

Los cuartetos de Mozart incluyen trabajos de tal perfección que el desafío es no hacer nada que pueda manchar su belleza cristalina. Requieren expresión, por supuesto, pero, al mismo tiempo, uno debe tener cuidado de no insertar demasiado de la personalidad de uno. Fue un privilegio tocar los strads (como les llama con familiaridad), pero añadir ajustes a los instrumentos nuevos en la tarea de tratar de hacer música perfecta de la manera no menos perfecta fue también una prueba. Cuando completamos ese proyecto estábamos orgullosos y aliviados en igual medida.

Buenas cuerdas

El American String Quartet es grupo residente del Festival de Música de Aspen a partir de 1974 y en la Escuela de Música de Manhattan desde 1984.

Ha comisionado y estrenado obras de autores estadunidenses como Claus Adam, Richard Danielpour, Kenneth Fuchs, Tobias Picker y George Tsontakis.

El grupo ha grabado en los sellos discográficos Albany, CRI, MusicMasters, Musical Heritage Society, Nonesuch, RCA y otros.

 

American String Quartet se presentará el miércoles 21 de mayo a las 20:30 horas en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000