Destino

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Takaaki Matsuoka, el cirujano que comienza a alcanzar celebridad, se tarda 10 minutos en borrar de la palma de las manos los malos augurios.
Takaaki Matsuoka, el cirujano que comienza a alcanzar celebridad, se tarda 10 minutos en borrar de la palma de las manos los malos augurios. (Omar Menses)

Anda por ahí un cirujano plástico japonés empeñado en cambiar la suerte que llevamos escrita en las líneas de la mano. Pretende ponerle correa nada menos que al destino, al futuro, al mañana o como quiera que se designe con cierta angustia a lo inesperado que nos aguarda sin remedio a la vuelta de la esquina. Takaaki Matsuoka, el cirujano que comienza a alcanzar celebridad, se tarda 10 minutos en borrar de la palma de las manos los malos augurios. Ofrece un destino nuevecito para sus entusiasmados clientes, que ya son numerosos. Las mujeres le piden que con su bisturí eléctrico les facilite el camino al amor para tenerlo en la palma de la mano. Más prácticos, los hombres le solicitan líneas que los pongan más cerca de la riqueza.

Ni cuenta se da Matsuoka de que está dejando sin chamba a las pitonisas, a las gitanas que ofrecen en la calle cosas buenas en relación directa con las dádivas de su forzados clientes. Pero el cirujano nipón también estaría dejando con un palmo de narices a los románticos de la literatura, el cine, la música y las artes plásticas. Los amores obligados, los callejones oscuros y las calles zigzagueantes, los crímenes pasionales, las tortuosas escaleras que conducen lo mismo al cielo que al infierno, los ambiciosos sin alma, los suicidas sin sombra podrían desaparecer muy pronto del mapa. Más bien dicho, de la mano de cualquiera. Puras líneas rectas que ofrecerán éxito, amor y dinero a cualquiera mediante un procedimiento que no tarda en hacerse moda. Solo habría que elegir al cirujano más generoso, por supuesto.

Los que optemos por la incertidumbre con la esperanza de que no nos parta un rayo en el parque o lleguemos al sueño reparador sin sufrir alguna otra desgracia irreparable, nos quedaremos con las líneas en la palma de la mano tal y como están desde que llegamos al mundo.

Y esto es mucho decir, considerando lo devastadores que pueden llegar a ser los alcances del indescifrable destino empeñado con frecuencia en la paradoja. De eso supo aquel hombre en Francia que al sufrir un accidente automovilístico llamó a su mujer pidiéndole auxilio. La señora corrió a ayudarlo, pero en el camino sufrió a su vez un percance. Su auto salió disparado y aplastó a su pareja que la esperaba al borde del camino. También aquel estadunidense que sobrevivió a los atentados del 11-S en Nueva York y el destino lo hizo vivir la reciente masacre en El Bataclán parisino. Y sobrevivió. Su destino estaba escrito en la palma de su mano, como el de la cajera bancaria española que ha sufrido 34 robos, más los que le faltan.

Para acabarla, hay que decir que el destino tiene a veces la mano bien pesada, como lo ilustra el caso de aquel hombre en Francia que salvó la vida tras sufrir un infarto, gracias a la ayuda de su pequeño hijo de cinco años. La muerte, sin embargo, regreso por él. Por alguna razón que nadie ha entendido se suicidó poco después en plena recuperación.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa