Susana Caracheo: “Todo el mundo se cree experto en sexo, pero no es así”

Por su terapia han pasado pacientes con todo tipo de búsquedas, carencias y dolores emocionales que ahora ella revela en su libro Confesiones sobre amor, sexo y familia.
Susana Caracheo a lo largo de más de dos décadas como psicóloga clínica y sexóloga.
Susana Caracheo a lo largo de más de dos décadas como psicóloga clínica y sexóloga. (Omar Meneses)

Cuando tocan a su puerta es porque del otro lado el padre, con una botella rota en la mano y tras obligarla a desnudarse, amenazó a la madre frente a los hijos. Porque aun cuando ha aceptado que su pareja sea travesti, le desconcierta que lo único que lo excite de ella sean sus medias. Porque se lava las manos una y otra vez hasta sangrar, porque el recuerdo de la infancia serán los juegos perversos del tío o porque alguien está ahogado en confusión entre ser hombre o ser mujer, pues nació con vagina y pene a la vez…

Qué no habrá escuchado Susana Caracheo a lo largo de más de dos décadas como psicóloga clínica y sexóloga. Muchos de los secretos, murmullos y silencios que le ha tocado descifrar están plasmados en su libro Confesiones sobre amor, sexo y familia. Casos de una terapeuta (Ediciones B, 2016), sobre el cual conversamos con ella.

¿De dónde surge la necesidad de hacer este libro?

Tengo 24 años dando consulta privada y cada dos o tres años hago limpieza de expedientes. Esta vez no fue la excepción. Cuando me encontraba depurando me dio tristeza que estos casos, como muchos otros que he tenido, terminaran en el olvido y que no sirvieran como ejemplo a otras personas cuyas preocupaciones o problemas pueden ser los mismos. Fue cuando me di cuenta que les podía dar otro giro, así que decidí tomar algunos expedientes, pedir permiso a los pacientes, cambiar nombres, edades y comenzar a escribir.

El libro es un manual de autoayuda.

Desde un inicio yo quise que se manejara como un instrumento de autoayuda, porque al final estos casos sirven como un canal de luz, como una posibilidad de ver qué pasa cuando una familia o una persona tiene algún tipo de problema y que a la gente le sirva de ejemplo o de prevención, porque hay quienes no tienen la posibilidad de llegar a un consultorio.

¿Fue complicado encontrar la voz narrativa?

Creo que el valor de este libro es justamente que a la par de narrar lo que dicen los pacientes en terapia, narro lo que siente el terapeuta, todo aquello que logran transmitirle las personas que tiene frente a sí y que intenta descifrar. Hay infinidad de libros de cómo se siente el paciente, pero se omite la parte del terapeuta y aquí ésa es la parte valiosa, qué está sintiendo el terapeuta.

¿Estamos tan faltos de amor?

No es que estemos faltos de amor, pero sí de comunicación. En una pareja, generalmente uno de los dos trae la historia de que el otro debe llenar todas sus expectativas y el otro, también generalmente, tiene la idea de que él no va a cargar absolutamente con nada y entonces empiezan los problemas. Estamos llenos de amor, pero nuestra idea de amor está llena de confusiones.

¿Pero si estamos llenos de amor, por qué la principal razón por la que llegan tus pacientes al consultorio es el desamor?

Nosotros aprendemos a amar, no nacimos amando. Es un aprendizaje que se logra en los primeros años de vida y a través de estar viendo a los padres, a la pareja que funge como papá y mamá o a la pareja que admiras, así sea de la televisión; entonces repites ese modelo. Para eso está hecha la terapia, para revisar cómo aprendí a amar.

Hay tantas formas de amar como personas en el mundo, le explicas a una pareja lesbiana sadomasoquista. ¿Por qué entonces seguimos aferrados a la idea de encontrar a nuestra alma gemela?

Qué curioso, ellas llegan al consultorio porque una de ellas siente que la otra es demasiado brusca y que no le demuestra que la quiere. Yo diría que tal cual, eso que llamas la media naranja, no existe. Existen las parejas complementarias y las parejas simétricas. Las complementarias parten de la idea de que cada persona somos un todo, uno mismo somos suficiente y el otro es solo la completitud. En una pareja uno es muy tímido y el otro es muy extrovertido, ahí formas una amalgama perfecta para enfrentar el mundo exterior.

¿Y las simétricas?

Están compuestas por personas muy similares, que si no aprenden a comunicarse terminan en una competencia constante. Generalmente son parejas exitosísimas, pero siempre están demostrando que uno puede más que el otro, hasta que llega un momento en que truenan o entran en una dinámica autodestructiva porque se necesitan para decir “yo tengo a alguien que está mirando todos los éxitos que tengo”, ¡y resulta que el otro piensa lo mismo! Imagínate el poder de destrucción de una pareja así.

Permites al lector echar un vistazo a la vida de algunos y hay una polifonía de dolores, preocupaciones, fantasías, disfunciones, pero el común denominador, al menos en el lenguaje, es la palabra carencia.

Y en términos de terapia también es el común denominador. Toda carencia tiene una raíz emocional que tiene que ver con el abandono, con el no sentirte reconocido, el no sentirte amado… ahí es cuando nos topamos con el desamor, es ahí cuando el paciente llega al consultorio, porque aunque no sepa qué es, sabe que hay algo que no le permite dormir, caminar, vivir en paz, entonces pide ayuda para ubicar en primer lugar la carencia, y después para reconocer donde está la raíz de esa carencia y resolverla.

El libro se ha vendido bien y aceptas que aquello que tenga que ver con el sexo capta la atención. No estamos faltos de amor, pero seguimos faltos de información…

Desde 1974, los gobiernos iniciaron programas y fuertes campañas de información sexual en América Latina. Se empezó a trabajar desde la parte teórica; entonces los libros se llenaron de información sobre dónde se encuentran los genitales pero se excluyó por completo la parte del erotismo, que es el complemento de la sexualidad. Y entonces no es de sorprenderte cuando en el consultorio te topas a una pareja a punto de divorciarse porque la mujer encontró a su marido viendo pornografía y piensa que tiene una mente perturbada. Todo mundo cree que es experto porque hay un sinfín de información a la mano, pero a la hora de la hora te das cuenta que hay un gran desconcierto en lo que se refiere a la sexualidad.

La preocupación en cuanto al amor no cambia: sentirnos amados ¿Pero qué hay según tu experiencia en cuanto a la manera en que ejercemos nuestra sexualidad?

También hay mucha preocupación. Antes de hacer la maestría en sexología era solo psicóloga clínica, me invitaron a participar en una revista on line, en la que orientaba a los lectores, y ahí el 80 por ciento de los casos que me llegaban eran sobre sexualidad; fue cuando vi una gran área de oportunidad. Nunca me lo había preguntado, pero he visto pasar tres generaciones y podría decir que la principal preocupación de la primera de esas generaciones era el miedo a ejercer su sexualidad; la segunda generación vivió la angustia por el cambio y todo lo que trajo la llamada liberación sexual; al final está la tercera generación, que es más abierta pero falta mucho, porque hablar de sexo todavía es casi casi como ser corriente.

“Pedí permiso a quienes traté,

cambié nombres y edades,

y me puse a escribir sus historias”