Tres suculentos “pecados”

Este fin de semana se llevó a cabo la tirada pendiente de tres obras pertenecientes al juego escénico “Los Siete Pecados Capitales”, en el Teatro Nazas de Torreón.
Un teatro que remonta al clásico o al contemporáneo de EUA.
Un teatro que remonta al clásico o al contemporáneo de EUA. (Aldo Chairez )

Torreón

Cecilia Guerrero, coordinadora de difusión en el Teatro Nazas, informó que el fin de semana se presentaron los "Tres Pecados" de Thornton Wilde, que forman parte de su serie “Los Siete Pecados Capitales”.

La producción coordinada por Otto Minera, del Sistema Nacional de Creadores de Arte, del Conaculta, forma parte de los festejos por el noveno aniversario del Teatro de la calle Cepeda.

El público lagunero respondió favorablemente en asistencia y comentarios, a estas puestas en escena de Elí Montemayor, Conny Múzquiz y Uriel Rangel.

Tres lecciones estremecedoras sobre la conducta humana, a través de la santidad del joven de Asís, de la juventud del abogado que es tentado por el mismo demonio y de la experiencia de vida que recibe la prometida Diana Colvin (Leticia Alcántara).

Tres pecados muy a la vista que impactaron al espectador, la lujuria en un episodio imaginario de la vida de San Francisco de Asís, de la ira, no siempre contenida, en el episodio del joven abogado Lubbok (Daniel Moya) y la avaricia en manos de Roger Osterman, un joven despistado caracterizado por Arturo García.

Se pudo ver otra buena respuesta del público juvenil que acudió en muy buena cantidad al Teatro, también se vio nerviosismos en algunos de los actores de la noche, pero, sobre todo, se pudo apreciar que este es un buen momento para el renacimiento del teatro clásico en la región.

Hay mucha inquietud y talento, Otto Minera, coordinador general del proyecto de “Los Siete pecados capitales”, señaló que por mucho esfuerzo que exista, si no hay la disposición y el amor por el teatro, se pregona en el páramo.

El director escénico, dijo que ha sido un placer trabajar con la gente buena del desierto.

Los Siete pecados tuvieron como un reto sustancial el tono teatral, el humor socarrón de Wilde, el guiño constante al espectador y la continuidad, no sólo en cada una de las obras, sino en el proyecto en sí.