La joya isóptica de Ramírez Vázquez

Para el arquitecto Javier Ramírez, hijo del autor del coloso, su funcionalidad permite usarlo para conciertos, espectáculos y exámenes de admisión.

México

Todo él implicó siempre un gran desafío y cada minuto de su proceso, de la proyección a los cuatro años de construcción representó una prueba para los conocimientos de Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares, así como para su creatividad, lo que convirtió a este estadio en el mejor del mundo y, ahora, a sus 50 años de edad, en uno de los mejores cinco.

El arquitecto Luis Martínez del Campo, responsable en el despacho de coordinar al equipo de proyectistas y residente en la obra, recuerda que cuando se tomó la decisión de hacer curva la forma del estadio "imagínese el tipo de compases que necesitábamos para hacer esos diseños a una escala de 1=400. No había todavía los que eran ensamblables, entonces los hacíamos con alambre y un lápiz de un restirador a otro. Ahí estábamos dibujando todos temblorosos, pero nada nos podía detener, todos estábamos decididos a hacer el mejor estadio del mundo".

Dice Martínez del Campo que fueron tres aspectos los que inclinaron la balanza hacia el despacho de Ramírez Vázquez-Mijares para obtener el proyecto de esta obra: se ofrecía una isóptica o visibilidad perfecta, se ofrecieron tres anillos de palcos existentes que son básicamente balcones en cantiléver sobre la cancha con una funcionalidad y una privacidad impecables y; el techo que se previó desde el principio un techo libre de obstáculos también en cantiléver, lo cual quiere decir que va volado sobre las graderías para proteger al espectador del sol y de la lluvia.

"A los dos meses —señala— de estar trabajando el proyecto ejecutivo, sobre bases de un estadio rectangular, empezó la inquietud y eso venía básicamente de la cabeza de don Pedro y de Rafa, de cambiar la forma. Entonces se trabajó con el arquitecto Luis Alvarado, especialista en isóptica, la curva del estadio, que es una de sus mejores virtudes".

El más perfecto

Además de haberse convertido en su tiempo en el mejor estadio del mundo (no como el Maracaná, casi perfecto a no ser que contaba con una sección para tener audiencia de pie), también fue el más cómodo, el más bello, el más funcional, el más grande, con soluciones adelantadas a su tiempo.

Por ejemplo, el que haya tenido el manto freático 10 metros abajo del nivel del piso, obligó a buscar una solución diferente para la cancha y generar un sistema de drenado mediante el cual todo este caudal que se capta de abajo para arriba se manda al foso perimetral.

Para Javier Ramírez el valor del estadio Azteca está por encima del Club América y de Televisa, este espacio es patrimonio de México, "la gente lo siente suyo, sabe que su selección es ahí poderosa, ese es el más grande valor de esta obra de mi padre".

Lo que más impresionó a Pedro Ramírez Vázquez fue ver al estadio convertido en un espacio donde miles de aspirantes a la educación superior presentaban su examen de admisión a la UNAM.

La inauguración

"Siempre le preocuparon mucho sus obras, incluso ya entregadas, entonces cuando fui al concierto de Elton John le comenté que la gente que estaba en las graderías bailaba y brincaba hasta hacer vibrar el piso. Él se lo comentó a Emilio Azcárraga Milmo y se hicieron cambios, de tal manera que en los eventos masivos no se usa esa zona", cuenta Javier Ramírez.

Él y Luis Martínes del Campo jamás olvidarán el día de inauguración de esta colosal obra, dos años después de lo planeado, el 29 de mayo de 1966. Javier era un niño de nueve años, vestido de traje que lo único que quería era ver futbol, pero iba como representante de su padre porque el arquitecto Ramírez Vázquez había quedado varado en Madrid por un accidente aéreo.

Martínes del Campo recuerda que el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz llegó más de una hora tarde; el público estaba asoleado y con sed porque se había prohibido la venta de cerveza.

"La gente aullaba, finalmente entramos al túnel; iba yo hasta atrás de la comitiva con Guillermo Zamacona, iba don Emilio Azcárraga y Díaz Ordaz a la cabeza. Cuando entramos a la cancha fue impresionante el sonido de más de 100 mil personas mentándole la madre al presidente... Lo recuerdo y se me pone la piel chinita. Fue impresionante.

"La ceremonia se apresuró, el presidente dio la patada inaugural y la gente rugió, es el mejor recuerdo, maravilloso... luego se tocó el Himno Nacional, se izó la bandera y la gente calladita, respetuosa".