REPORTAJE | POR NATYELLY MENESES

'Barderos', un oficio que te lleva al baile

Gráfica sonidera

Los masivos bailes de sonideros no tendrían tanto éxito sin la publicidad que se despliega en las bardas de las grandes avenidas o en las paredes de recónditas calles, donde buscan llamar la atención de los transeúntes e invitarlos a un buen 'bailongo'.

Ciudad de México

Agrietadas por la cal, la pintura y el sudor, tres pares de manos se mueven con rapidez para rellenar letras de metro y medio de alto, que plasman en una larga barda de una ruidosa avenida de Ciudad Nezahualcóyotl.

Son las manos de los "barderos", quienes transforman una fría pared en un cartel multicolor de bailes sonideros y tocadas gruperas y rockeras.

"El truco está en la muñeca", explica Daniel Ruiz, mejor conocido como Rancel, quien al día pinta de 30 a 40 bardas. "Tienes que saber mover la muñeca para que salga el trazo, porque si no sale todo mal. Es técnica y maña".

Rancel, bardero desde hace 20 años, se mueve rápido por las calles de Neza, esquiva los autos sin miedo y defiende, de ser preciso hasta con golpes, los espacios para realizar su trabajo.

"Si mis chalanes se equivocan, los agarro y les doy un brochazo en las manos o en las pompas para que aprendan a manejar la brocha"


Y es que encontrar bardas libres no es fácil, explica, hay que hablar con líderes vecinales, regalar boletos de bailes a los dueños de algunas casas o convencer a los directores de las escuelas para que permitan que él y su equipo de chalanes promocionen en las paredes los eventos musicales.

“Hay veces que hay casas en las que no vive nadie y pues nos la echamos a la brava”, dice entre risas.



Arte en las bardas de Neza

Las bardas, que invitan a las tocadas del sonido Polymarchs, del sonido Pancho de Tepito, del Perla Antillana o del Sensación Caney, forman parte del paisaje urbano, principalmente en municipios del Estado de México, pero también en algunas zonas de la ciudad de México.

"La gráfica sonidera emerge con la creación de logotipos para el sonido, que comienzan como rótulos que se pintan en las trompetas. Poco a poco, esta identidad gráfica va incluyendo más elementos estéticos y pasa a otros soportes, como el cartel, la tarjeta, el volante, las chamarras, las playeras, los banners y las páginas de internet", explica la antropóloga Mariana Delgado.

La también co-directora de El Proyecto Sonidero, el cual surgió en 2008 con el fin de reconocer la potencia de dicho movimiento, señala que en un inicio la gráfica era muy sencilla y fueron los carteleros quienes empezaron a innovar con la impresión de colores e incorporación de dibujos e imágenes.

"La gráfica sonidera se hizo más vistosa y eficiente para efectos de promoción", destaca.

Mariana Delgado explica que con la llegada de las discomóviles como Polymarchs, Patrick Miller, Soundset, King Kong y Winners, llega también la sofisticación y comienza el artículo de colección.

"La transición al diseño digital cambia mucho el sistema, pero muchos se adaptan e incorporan ahora un repertorio infinito de imágenes que dicen mucho del contexto y lo hacen con mucha libertad. Hablan de la música, del baile, de los lugares, de las figuras, de los públicos, de la historia, de la cultura general del momento y la cultura específica del movimiento", explica Delgado.

En el mundo de la gráfica sonidera, la pinta de bardas tiene un sitio destacado. Los barderos aprovechan las paredes como medios de comunicación.

"Los barderos desarrollan estéticas y técnicas que se nutren del vasto mundo de conocimientos de la cultura popular. Tradicionalmente han sido un gran medio para la difusión en la ciudad de México, donde han sido desplazados por medidas de censura que la capital ha adoptado", destaca la antropóloga.

Actualmente, expone Mariana Delgado, la pinta de bardas son un recurso más presente en el Estado de México, en donde siguen siendo importantes para la difusión de eventos locales, y en donde su dimensión y su arte son un factor de realce para el baile.




Brochazos que transforman el paisaje urbano

Es mediodía y el grupo de barderos apenas lleva 15 paredes de las 30 que tiene que pintar en el día, cada una les lleva un promedio de media hora. El sol quema la piel y el aire se siente espeso en las calles bulliciosas del Estado de México.

Una banqueta con decenas de cubetas de pintura es la paleta y las brochas gordas, los pinceles.

El equipo de Publicidades Rancel prepara el lienzo: una barda de seis metros de largo, a la que blanquean con una preparación de agua y cal.

"La mejor época para los bailes sonideros es del medio año en adelante. Es cuando más trabajo hay".


Como un torero, Rancel clava su brocha en la fiera blanca; traza sin titubeos el diseño previamente memorizado.

Líneas negras que van tomando forma cuando los "chalanes" rellenan las letras de azul, amarillo o verde, dependiendo el diseño. Al final, luego de poner el lugar y fecha del evento, en letras pequeñas, el artista firma su obra.

Cada barda la cobran a 150 pesos, aunque han hecho trabajos especiales, que llevan más detalles y más colores, por los que les han pagado hasta 5 mil pesos.


Bardas que se ganan a "chingadazos"

Entre los barderos hay códigos no escritos que deben respetarse para evitar problemas: "que no se metan con nuestros espacios y nosotros no nos metemos con sus espacios".

Rancel advierte que si la competencia pinta una de sus bardas, él le borra su trabajo y es capaz de llagar "a los buenos chingadazos" si insisten en pintar en su territorio.

Una vez, relata Daniel, quien es padre de familia, llegó hasta el Ministerio Pública por una pelea, que le dejó una marca en la cabeza, huella de un tubazo propinado por la competencia.

"Me agarraron como diez o 20 espacios. Para defender lo que es mío empecé a borrar y luego ebn el camino me los encontré, les dije que no borraran y fue ahí, venían otra vez pintando los mismo espacios y de ahí te empiezas a enojar y de ahí empezaron los chingadazos, ellos con su gente y yo con mi gente", recuerda.

Sin embargo, asegura que al defender su trabajo ganó respeto y la fama de que él no se deja. Para Daniel, su trabajo es arte, pues no cualquiera pinta una barda y le queda bien. "Cualquiera puede aprender la técnica, pero que sea responsable y lo haga bien, no cualquiera. Si no te gusta, pues lógico que lo vas a hacer al chingadazo, pero si te gusta, puedes aprender bien y en un año o año y medio sales como un buen maestro".

"Lo que más me gusta de mi trabajo es que conoces a mucha gente. La verdad no lo hago sólo por la parte económica, sino que mi idea es ser reconocido por grandes personas, eso es el mejor triunfo que podemos tener en la vida", considera Rancel, quien siempre ha vivido en Nezahulacóyotl.

"Todo me gusta de Neza, su forma de vida. Muchos piensan que es como un pueblo todavía", dice Daniel con una amplia sonrisa y agrega: "pero viéndolo bien, Neza es como una ciudad. Aquí ha demasiado tránsito vehicular, muchas empresas que vinieron a invertir aquí. Vivir en Neza no lo cambiaría por ningún lado", asegura el artista de la gráfica sonidera.