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Sábado , 26.05.2018 / 17:05 Hoy

Solo artistas panfletarios y saqueadores (SAPS)

[Casta diva]

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Avelina Lésper

Qué desperdicio utilizar el nombre de David Alfaro Siqueiros para presentar a decenas de artistas mediocres. Qué desperdicio invadir el acervo, la casa y el legado de Siqueiros para montar exposiciones y actividades de ínfima calidad. Qué desperdicio y qué ofensa llamar muralismo a las agresiones que cometen con la fachada de la casa de Siqueiros. Qué saqueo malgastar el dinero de los impuestos y del escaso presupuesto que se asigna a Cultura para mantener a Taiyana Pimentel en su dictatorial puesto en el museo y en la Tallera, pagar obras comisionadas de hiperbolizada estulticia y además deteriorar veloz y cínicamente el legado de Siqueiros. Les estorba el nombre de Siqueiros y lo reducen a unas siglas que dicen nada, “SAPS”, que resignificaremos como: Solo Artistas Parásitos y Saqueadores. Y por si fuera poco, en un homenaje a sus despropósitos, montan una exposición con materiales de embalaje y los desperdician alardeando de un concepto congruente con su política de destrucción de la plástica. El legado de Siqueiros estaba designado para investigar en la composición espacial que llevó al virtuosismo en sus murales y ninguna exposición desde el periodo que registran en 2009 ha estado orientada a esta investigación.

Analicemos la trayectoria del SAPS: han mostrado hamburguesas encimadas, videos sin sentido, papeles recolectados en la basura, han hecho pedazos la duela del piso, han ridiculizado al muralismo comparándolo con una pinta de propaganda electoral o triturándolo en confeti, y literalmente le pagaron a Wilfredo Prieto para que se orinara en el nombre de Siqueiros. ¿Qué más quieren hacer? ¿Qué otra cosa le van a permitir a la dictadora Pimentel? ¿Hasta cuándo van a patrocinar y solapar la impunidad de esta destrucción?

La exposición actual Yo transporto es una instalación hecha con materiales costosos de embalaje especial para arte que los despilfarra en un montaje que ignora las posibilidades del material y que no sabe usar el espacio planteando torpemente el volumen, es una demostración de lo que sucede en este museo, y con el arte contemporáneo VIP: el contenedor, es decir el museo, es más valioso que el contenido. Las cédulas se pierden en hilarantes explicaciones en las que ni el artista ni la curadora se ponen de acuerdo en qué quieren decir, falseando la información al afirmar que esos embalajes se usan para pinturas o esculturas, cualquier profesional sabe que las cosas sin valor del arte VIP, obras como una sartén o un ventilador roto, también se embalan en esas cajas porque ya “son arte”, reiterando que el contenedor valida al contenido. La directora además utiliza la cédula de la exposición y hasta a los cuidadores del museo para divulgar que “sus finanzas son muy deterioradas” y en realidad para lo que hace no necesita dinero, al contrario, cada artista saquea al museo, al erario y al nombre de Siqueiros usando el espacio para las infra inteligentes cosas que exponen. La virtud más sobresaliente de esta obra, según Pimentel, es que el artista la dona y con su venta va a “reconstituir las deterioradas finanzas del museo”, si ese es el objetivo del SAPS pues ya se tardaron, en vez de seguir ensuciando el nombre de Siqueiros, y “aludiendo a la construcción ontológica de conocimientos” hagan otra “intervención espacial” y metan una taquería–gourmet VIP o lo que la directora crea que “redefine la economía del museo”, con la ominosa trayectoria que tiene en ese espacio ya es lo único que le hace falta hacer.

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