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Sábado , 15.12.2018 / 11:02 Hoy

Solentiname: el archipiélago de Cortázar

“...es un símbolo en el autor, porque ese primer viaje que hizo en la clandestinidad es signo de su entrega”, dice uno de los compiladores, Jorge Boccanera.

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En 1976, el escritor argentino Julio Cortázar estaba en Costa Rica dando una serie de conferencias, cuando los autores Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez, exiliados en ese país —debido a la dictadura militar de Anastasio Somoza en Nicaragua— lo invitaron a un viaje clandestino al archipiélago de Solentiname, ubicado en el Gran Lago de Nicaragua.

Aunque no se trataba del primer viaje del autor de Rayuela a Centroamérica, el de Solentiname lo llevó a constatar con sus ojos una realidad que lo hizo sostener, alejado de cualquier ortodoxia, la necesidad de un socialismo de rostro humano como contracara de las dictaduras del continente.

La nueva versión del libro Cortázar en Solentiname (Editorial Patria Grande), aumentada y corregida, brinda, en una secuencia de relatos, testimonios, diálogos, fotografías, recuerdos, cartas, anecdotario y comentarios, el paso de este intelectual argentino por Nicaragua. Se presentará en Buenos Aires el 25 de septiembre y, aunque aún no se tiene una fecha exacta, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

En entrevista con MILENIO, uno de los compiladores de la obra, el poeta argentino Jorge Boccanera, cuenta los secretos de este libro en el que participan el cineasta costarricense Oscar Castillo, la poeta Diana Ávila, de ese mismo país; los escritores nicaragüenses Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Julio Valle Castillo y Luis Rocha; el narrador salvadoreño Manlio Argueta, así como el promotor cultural y cineasta argentino, Modesto López.

¿Cómo surgió la posibilidad de hacer esta nueva versión del libro “Cortázar en Solentiname”?

Surgió por una idea del editor del sello Patria Grande, de Argentina, que es quien publicó en Argentina la obra completa de la poesía de Ernesto Cardenal con un tiraje de 12 mil ejemplares. Me pidió un texto para agregar al libro editado antes en Nicaragua y vimos juntos la posibilidad de incorporar en esta nueva edición otros testimonios.

¿Qué tipo de recuerdos se narran en “Cortázar en Solentiname”?

Todos los recuerdos visualizan el tránsito de un Cortázar latinoamericano, que se daba a la gente, se mezclaba con todos y no solo se solidarizó con causas justas —como ya lo había hecho en viajes al Chile de Salvador Allende, a Cuba y otros países de esta parte del continente—, sino que estaba en el lugar de la acción, en medio de una guerra, convocando a la ayuda internacional y a escritores como Arthur Miller, Ariel Dorfman, Carlos Fuentes, Günter Gras y Salman Rushdie, por mencionar solo algunos.

¿Cómo conoció al escritor argentino?

Fui en varias ocasiones por ese tiempo a Nicaragua. También apoyaba la Revolución Sandinista. Cuando conocí a Cortázar, a inicios de los ochenta, estaba exiliado en México y viajé invitado como jurado del Premio de Poesía Latinoamericano Rubén Darío. Con el primer cruce de manos con él se inició una amistad que siguió con encuentros en México. Ayudó el hecho de que vivimos en el mismo barrio bonaerense de Banfield, aunque en épocas distintas. Él de los 4 a los 14 años, un tiempo decisivo en su vida.

¿Cuál cree que es el mayor legado de Cortázar, en Solentiname?

La imagen de un escritor comprometido con su imaginación, su inventiva, su literatura fantástica, pero también con el tiempo que le toco vivir, con sus semejantes.

¿Cortázar dio algún tipo de taller en Solentiname?

No lo sé. Podría haber sido. Viajó mucho en Nicaragua. Le interesaba todo: la campaña de alfabetización y aspectos nada ortodoxos de la cultura. Dialogaba con los escritores de ese país que pronto fueron sus amigos.

¿Cómo se le recuerda en Nicaragua?

En los lugares donde estuvo —incluso en los pueblos donde enseñó por el interior de Argentina en su juventud— se lo recuerda como una persona cordial, generosa, lúcida e íntegra; un sabio flaco y largo metido entre el gentío. Solentiname es un símbolo en Cortázar —y así lo tomamos para el libro—, porque ese primer viaje que hizo en la clandestinidad es signo de su entrega.

¿Si hoy viviera, cree que estaría acompañando a Cardenal para que no lo saquen de Solentiname?

Sin ninguna duda, estaría como siempre junto a la libertad, defendiendo lo que llamaba “una dignidad compartida; y desde ya, junto a su amigo el poeta cardenal en los reclamos frente a un gobierno como el de Nicaragua, que resolvió hacer un canal interoceánico monstruoso por Nicaragua sin consultar al pueblo.

Solentiname: el archipiélago de Cortázar
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