En México, sistema que detecta enfermedades en embriones

El Screening Genético Preimplantacional descifra errores en cromosomas para identificar los síndromes de Down, Edwards, Patau o fibrosis quística.
El PGS analiza el embrión a escala celular, molecular y de ADN; lo implantan de 15 a 20 días después de descartar los padecimientos.
El PGS analiza el embrión a escala celular, molecular y de ADN; lo implantan de 15 a 20 días después de descartar los padecimientos. (Especial)

México

Un sistema denominado Screening Genético Preimplantacional (PGS, por su sigla en inglés), que es capaz de descifrar el código genético y las anormalidades cromosómicas de un embrión antes de ser implantado en una mujer que recurre a la reproducción asistida, fue traído a México por la organización Esposible.

Cecilia Mejía y Oliver Cruz, especialistas en reproducción, explicaron que es una técnica que permite identificar anomalías como los síndromes de Down, de Edwards, de Patau y hasta fibrosis quística en los embriones fertilizados in vitro.

Las mujeres mayores de 35 años y con problemas de infertilidad, al someterse a un método de embarazo asistido, tienen hasta 34 por ciento de probabilidad de tener un hijo con esos padecimientos.

Según las estadísticas del Inegi, detalló Cruz, en el país hay por lo menos 6 millones de parejas con problemas de infertilidad, provocada por varios aspectos, entre los que destacan la edad avanzada para concebir y los antecedentes de abortos previos.

El especialista destacó que cuando una mujer mayor de 35 años concibe un hijo con alguno de esos padecimientos, durante todo un año el bebé permanecerá más en el hospital que en su casa.

Con la edad avanzada los riesgos aumentan. A los 40 años, abundó Cruz, “esa probabilidad de alteración cromosómica se eleva a 60 por ciento”.

El sistema

Si bien en México ya existen clínicas de reproducción asistida, el PGS resulta novedoso, tanto en lograr una implantación de embriones en el útero en los primeros intentos, como en que estén libres de enfermedades mentales o discapacitantes.

El método es relativamente sencillo, aunque tiene un costo superior a los 3 mil dólares. Consiste en someter a la mujer a un tratamiento hormonal de 45 días de estimulación para extraer óvulos.

Una vez que se logra, se procede a la fecundación in Vitro, que es la unión del óvulo de una mujer con el espermatozoide de su pareja con técnicas de laboratorio; a partir de ahí se obtienen embriones que son analizados y pasan por un proceso de criopreservación.

Por lo regular se obtienen de cuatro a seis embriones que se estudian a escala celular, molecular y genético con el PGS en un periodo de 72 horas.

“Se magnifica su ADN y se hacen replicas, millones de copias, para llegar a los detalles genéticos y detectar los cromosomas; por ejemplo, en el caso del Down se identifican las tres copias del cromosoma 21”, detalló Mejía.

Lo mismo sucede con el Síndrome de Patau —trisomía en el par 13 o trisomía D—, que es una enfermedad que puede provocar la muerte del bebé, muchas veces a los tres meses de nacer.

En el caso del síndrome de Edwards, precisó la especialista, no hay un crecimiento adecuado  y la anomalía es una copia adicional de material genético del cromosoma 18.

Una vez que se descartaron dichos síndromes en el embrión, se implanta en el útero de 15 a 20 días después. Los médicos de Esposible han optado por usar uno para evitar los embarazos múltiples.

La técnica ayuda a evitar los abortos espontáneos, ya que 50 por ciento de esos casos es a causa de la presencia de anomalías cromosómicas; además, garantiza obtener resultados inmediatos en cuanto a que la mujer se embarace, algo que no sucede con otros tratamientos.

Los que sobran

El resto de los embriones son conservados cinco años si así lo deciden las parejas y, en pocas ocasiones, donados a otras familias que no pueden tener hijos.

“Cuando deciden que no se deben guardar, se desechan como tejidos”, explicó Cruz, tras reconocer que, aún cuando en México la infertilidad es un problema de salud pública, no existe una normativa que regule esos servicios, lo que implica que se den bajo sistemas de ética de normas internacionales.

Según la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios hay 52 centros autorizados para asistencia reproductiva, pero varias organizaciones —a favor y opositoras— concuerdan que la ausencia de regulación abre la oportunidad para incurrir en abusos, discriminación o prácticas como el tráfico de óvulos.

De 2010 a 2012 se han presentado iniciativas en ambas cámaras del Congreso para normar la reproducción asistida; “sin embargo, hasta el momento ninguna ha sido aprobada”, señala la ONG de derechos reproductivos GIRE.

“Algunas de esas iniciativas, lejos de proteger los derechos de las personas, pretenden otorgar personalidad jurídica al embrión, reconocer únicamente familias de parejas conformadas por un hombre y una mujer o limitar de forma excesiva el acceso a los servicios de reproducción”, advierte al organización.