Sinfonía del dolor

La puerta estrecha.
Sinfonía del dolor.
Sinfonía del dolor. (Especial)

Ciudad de México

Una habitación casi vacía. Un hombre, una mujer. Ella lo escucha, está atenta a ese diálogo en el que en segundo plano le responde sus dudas. Hablan de su separación, hablan sobre el ahora, el después, el pasado. Hablan desde una especie de asfixia por las dudas y las palabras. “¿Quiénes somos cuando amamos? ¿Qué es lo que amamos cuando amamos? ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”, se preguntan los personajes al estilo carveriano.

Solo el pensamiento y las palabras —escribió George Steiner en Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento— pueden hacer que seamos extraños los unos para los otros, y que el amor más intenso, quizá más débil que el odio, sea una negociación nunca concluyente entre soledades.

Clausura del amor, del autor francés Pascal Rambert, explora las posibilidades de ese enamoramiento que de un momento a otro puede convertirse en una dulce sinfonía del dolor que logra descifrar la violencia del enamoramiento. Dirigida por Hugo Arrevillaga (Ciudad de México, 1975) y estrenada en días pasados en el Teatro El Granero del Centro Cultural del Bosque, esta historia presenta a una pareja que se hiere palabra a palabra hasta que decide olvidar lo construido y lo destruido.

Pascal Rambert recorre las posibilidades del desamor: invoca los rompimientos, las razones del desafecto, el cómo volver a escribir las memorias y darles un toque de belleza antes de destruir todo. Clausura del amor es un flujo ininterrumpido de palabras, una sucesión de preguntas y respuestas, un maratón entre la valentía y el disturbio vistos de manera muy diversa entre un hombre y una mujer: dos puntos de vista, dos silencios, dos discursos, dos vidas, soledades.

Hugo Arrevillaga, quien nos ha sorprendido con su excelente trabajo al dirigir la tetralogía de Wajdi Mouawad, concibe este montaje como una tragedia amorosa y como una disertación de las trampas del sexo, el amor y la ternura.


Raúl Zermeño

La noche del viernes 3 de octubre falleció uno de los pilares de la dirección teatral en México: Raúl Zermeño. Su último trabajo en escena aún está en temporada, Dos mujeres, en el que Ofelia Medina protagoniza la historia de las mujeres asesinadas y secuestradas en Ciudad Juárez. Zermeño fundó la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana, fue director del Centro Universitario de Teatro de la UNAM. “¿Por qué hacer teatro? Porque amo la ficción. Que me hace amar la realidad”, decía Zermeño.

La puerta estrecha se ha cerrado.