La sensualidad de 'Manon', presente en Bellas Artes

Basada en 'Histoire du Chevalier des Grieux et de Manon Lescaut' (1731) del abate Prévost.

México

Después de 36 años (la última puesta fue en 1978) regresa Manon de Massenet a Bellas Artes, con una pareja protagónica de lujo: la soprano María Katsarava (ya no Alejandres) y el tenor Arturo Chacón. Los precedieron en el mismo escenario artistas de la talla de Irma González, Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé y Beverly Sills, Giuseppe di Stefano y Alain Vanzo.

La ópera (1884), basada en la célebre novela Histoire du Chevalier des Grieux et de Manon Lescaut (1731) del abate Prévost, ofrece el retrato de una mujer ambiciosa, libertina, sensual —Massenet era experto en ellas— que se autodestruye en la vida frívola y casi destruye a su pareja con ella. Pese a ser un buen libreto, la ópera está sobrecargada de incidentes y detalles y carece de la concreción y síntesis de la ópera homóloga de Puccini, Manon Lescaut, compuesta nueve años más tarde, en 1894. Por eso, René Leibowitz afirmaba que, lastimosamente, Massenet el dramaturgo nunca estuvo a la altura de Massenet el músico.

Manon es muy rica como espectáculo musical: posee arias, dúos, tríos, concertantes. Ella, Manon, tiene al menos tres arias notables, entre las que hay que destacar su conmovedora “Adieu, notre petite table”, cuando está a punto de trocar un amor puro por la vida de una cortesana. Maria Katzarava las cantó todas con gran técnica y belleza y, en general, todo su desempeño teatral y musical fue irreprochable. Por su belleza de timbre, línea de canto, fraseo, sigue siendo la más notable soprano mexicana. Arturo Chacón es su amante, el Caballero des Grieux. Formado bajo la tutela de Plácido Domingo y Ramón Vargas, Chacón posee una voz y un canto con la luminosidad de Domingo y el carácter plañidero de Vargas.  Movió adecuadamente su tesitura entre el canto íntimo de “En fermant les yeux”, una prueba de musicalidad y buen gusto para un tenor lírico, y la más expansiva y famosísima “Ah, fuyez douce image”. Posee, además, una juvenil y carismática presencia escénica, muy adecuada para el personaje. Ha cantado muchas veces con Katzarava y es indudable que se conocen muy bien y hacen química teatral y musical.

Lescaut —primo de Manon— fue interpretado, con el profesionalismo de siempre, por el barítono Armando Gama. Oscura, pero seca y áspera, la voz del bajo Arturo Rodríguez como el Conde des Grieux, y monótono su canto. Los comprimarios, bien, entre los cuales destacó a la soprano Claudia Cota, de bella voz y gran presencia escénica.

El coro, dirigido una vez más por John Daly Goodwin, estuvo a la altura del compromiso, bajo la exigente y experta dirección del maestro francés Alain Guingal. La dirección escénica de Antonio Algarra contó con un equipo de iluminación, escenografía, vestuario, competentes. Solo que no se entendió por qué, si toda la historia está situada en la era del charleston y del cine mudo, el segundo acto se sitúa en interiores contemporáneos: ¿tantas décadas han transcurrido entre el primero y el segundo acto?

En suma, un disfrutable retorno de Manon a Bellas Artes. Funciones 16, 18 y 20 de marzo.