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Jueves , 24.05.2018 / 03:09 Hoy

Señas de identidad

Como quien desentraña la madeja de hilos de pensamiento, el autor se muestra con un fiel ejecutor del ensayo al estilo inglés.

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Mary Carmen Sánchez Ambriz

Desde hace más de cinco décadas, Francisco González Crussí (Ciudad de México, 1936) vive en Chicago, escribe en inglés y traduce sus textos al español. También ha hecho versiones al francés, como el Discurso a los cirujanos/Notas sencillas sobre el cuerpo, de Paul Valéry, espléndidamente editado en Verdehalago, en 1998.

La crítica literaria discute las razones de peso que están detrás de sus aciertos: las opiniones se reparten entre quienes atribuyen su talento a una seductora forma de transitar de un tema a otro (la ciencia y las humanidades), y hay los que encuentran méritos en la capacidad de despertar curiosidad con cada uno de sus argumentos. Hurga en la historia de la ciencia, en el cuerpo y el alma humana y el desarrollo de la cultura tanto occidental como oriental. En publicaciones como The New York Times, The Washington Post, The New Yorker, entre otras, han figurado sus artículos y ensayos.

No es común encontrar sobre la mesa de novedades un ejemplar de González Crussí. Cada vez que su nombre regresa a las librerías surgen dos tipos de lectores: el afanoso que adquiere sus libros con el aprecio de un coleccionista de arte y el que se asoma por vez primera al entramado que traza el ensayista sobre el cuerpo humano.

Hace tiempo que este hombre de ciencia irrumpió en la literatura mexicana. Su presencia, intermitente, trajo aires de frescura y erudición al ensayo. Pocos autores logran lo que él ha hecho: sus libros son como cuerpos celestes que brillan con luz propia, a una velocidad casi imperceptible para el ser humano. En sus ensayos suelta la pluma, más que un análisis riguroso o un pensamiento ordenado acerca de los asuntos que aborda, es la escritura del médico (especialista en patología pediátrica) irónico, suelto, irredento, la que lleva la batuta en este festín de conocimientos.

En este volumen repasa el rostro con el que venimos al mundo, las características y maneras en que afecta tener belleza o fealdad, cabello de diferente color, la frente con arrugas o no, nariz, mejillas, ojos y boca con determinadas particularidades. Se ocupa también de la animalidad que existe en los seres humanos, con referencias que los filósofos y anatomistas han encontrado, como es el caso de Della Porta y las imágenes creadas en el siglo XV por el retratista Charles Le Brun. Como quien desentraña la madeja de hilos de pensamiento, el autor se muestra con un fiel ejecutor del ensayo al estilo inglés. Sin duda, afirma González Crussí, el rostro es “una de las tantas prendas que nos quedan en el despiadado juego de azar que es el destino”.

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