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Viernes , 19.10.2018 / 02:48 Hoy

[Semáforo] Simetría y necedad

Los marxismos son recursos ideológicos de evaluación ante los que el capitalismo parece imperdonable y parece irrefutable.

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Volvemos a la necedad de imaginar una simetría donde no la hay. Me explico: las izquierdas no liberales (el marxismo a la cabeza) nacen y se conforman como una ideología desde su origen. Marx mismo describe su doctrina como una ideología, que ordena acciones y guía decisiones. Pero no es lo mismo en su adversario: el capitalismo no surge como ideología sino como mecánica que enlaza el poder y la propiedad; tiene intereses y conveniencias que no buscan satisfacer una teoría.

Después del desafío marxista, algunos desorientados creyeron que debían responder como agrupación, bloque y supusieron que ellos también debían ser parte de una ideología. Es un poco cómico que alguien ocupado en maximizar utilidades pretenda hacer frente a una teoría moral, política, histórica. Como resultado, las izquierdas se presentaban como inteligentes y cultas (el marxismo, ignorante o no, siempre fue una filosofía) y los “capitalistas” parecían un cónclave de tarados que beben dolor ajeno.

No hay simetría. Suponerla descompone la comprensión. Digamos que los marxismos son recursos ideológicos de evaluación ante los que el capitalismo parece imperdonable y parece irrefutable. Pero se dio un fenómeno semejante con la política y el poder: los humanistas, Bacon, Campanella y hasta Shakespeare y Cervantes odiaban con toda su alma a Maquiavelo. Y lo refutaron hasta convertirlo en un bicho ponzoñoso. Pero las utopías, la Concordia y Discordia, los espejos de príncipes cristianos, se hicieron viejos, mientras el perverso Maquiavelo sigue tan campante. Es decir, son dos universos alternativos, como la astrología y la astronomía, como la alquimia y la química.

Sabemos que muchas cosas tienen que cambiar. No porque el capitalismo sea malo o bueno, ni porque esté equivocado o acertado, sino porque los humanos no se saben estar quietos, por moral o por deseos. Platonismo simple: se desea lo que no se tiene.

Si quitamos del medio las ideologías filosofizantes, parece emerger una constante olvidada: la gente se agremia y forma grupos con dos elementos: identificación de unos y exclusión de otros. Los sindicatos, supuestamente, tienen como objetivo el justo funcionamiento del empleo en los medios productivos. Y es muy notable cómo funcionan de modos completamente distintos, según dónde se den; tienen sentido frente a un poder centralizado (propietarios o Estado), pero deja de ser un movimiento significativo ante otras formas de asociación. Según Stefano Zamagni (busque: “Stefano Zamagni en el Foro Ecuménico Social”, en YouTube), más de dos tercios de la población mundial vive del trabajo en cooperativas. En todos los continentes. No es un accidente ni una imposición. Y las cooperativas que funcionan bien tienen una característica prodigiosa: ingreso e igualdad aumentan juntos, sin restringir la libertad. Los modelos de acumulación de capital, o de poder, o de energía, no van a desaparecer del todo. Pero podemos apostar por lo que ya vemos suceder: en contra de la acumulación centralista y vertical, el mundo camina hacia una dispersión de pequeñas organizaciones, sin centro o con centros alternativos y cambiantes.

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